Nuevo Ministerio de Ciencia y Tecnología: fin de la autonomía científica

Modesto Gayo, El Mercurio de Calama

Con la nueva ley que creará el nuevo Ministerio de Ciencia y Tecnología se propone favorecer un mejor diálogo con instituciones privadas, con el convencimiento de que ello incrementará su inversión en ciencia y tecnología. El proyecto asume la necesidad de los privados y los incluye dentro del funcionamiento de la institucionalidad pública. Nada de esto se esconde, sino que se hace explícito bajo la lógica de la “utilidad”.

Con la convicción de que la heredada autonomía de los científicos se habría tomado el aparato burocrático estatal, blindándose y atrincherándose, este proyecto-ostra recuperado del fondo del mar guarda una valiosa perla: la eliminación del Consejo de FONDECYT. ¿Pero la pasada década no han sido 10 gloriosos años de producción académica y científica? Sin reparar en los logros, el objetivo es celebrar el funeral de dicho comportamiento autónomo, sustituido por la política empresarial de los privados. No tenemos más Consejo de FONDECYT ni Consejo de CONICYT, sino un órgano colegiado que asesora al Presidente con una membresía miscelánea y, sobre todo, en gran parte, no académica, y un consejo interministerial con Hacienda, Economía, Educación y el deseado ministro de Ciencia y Tecnología. El ministro concentrará gran poder, pues la secretaría se regulará principalmente a través de un reglamento. Debemos agregar el énfasis, a mi parecer indebido, en las llamadas “áreas prioritarias”, de contenido incierto, pero ya sabemos en qué consiste lo útil: agua, residuos, infraestructura, nuevos tipo de gomas de rueda, visitas varias al espacio, entre otras.

Se propone la creación de una agencia del espacio. No se podría esperar menos de Mario Hamuy, presidente de CONICYT. La gran mayoría de los científicos parece aplaudir este paso, como si todas las disciplinas y áreas de investigación fuesen iguales, con nulo interés en las que tienen una orientación más crítica y menos vendible, al menos inmediatamente. ¿A quién le importa? Cabalgando veloz a lomos del conservadurismo de los científicos nacionales, desesperados por más recursos, el dinero empresarial ocupará espacios que hasta ahora tenía restringidos.

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