Una elección que define algo más que un Presidente y un Congreso

El Mercurio, Claudio Fuentes

Hay días en que se oyen martillazos en el Congreso y a veces se ven “maestros” transportando paneles. Y en las cafeterías, los horarios han sido recortados. Hay momentos donde simplemente no hay café ni agua. Diputados y senadores se están preparando para tener escaños más estrechos y oficinas más chicas. Con el mismo presupuesto, el Congreso tiene que hacer espacio para recibir y atender a 35 nuevos diputados y 12 senadores.

Esta es la reforma más visible de la política chilena. Los cambios físicos del Legislativo son el anuncio de modificaciones de fondo. La votación del próximo 19 de noviembre definirá mucho más que un Presidente de la República y un Congreso Nacional en Chile. La primera elección parlamentaria desde 1990 sin sistema electoral binominal y con uno “proporcional inclusivo” marcará el nuevo terreno de juego de la política para las próximas décadas.

¿Cómo se traducirá políticamente la voluntad de los chilenos con el nuevo sistema? Lo que vendrá ¿será un sistema bipolar, como el que hemos tenido, pero atenuado, o resucitarán los tres tercios de la década de 1970? ¿Nos plantaremos en una política de “cuatro esquinas” o de muchos polos, como ocurría en la política italiana de la década de 1990?

El retorno de D’Hondt

Los cambios introducidos al sistema electoral han sido profundos. No solo se ha pasado a un sistema proporcional, sino que se han reconfigurado los distritos que ahora son territorialmente más grandes, se redujeron los requisitos para crear partidos políticos, se introdujeron nuevas normas para la financiación de la política, se prohibieron los donativos de personas jurídicas y se bajaron los límites de gastos y los aportes de campaña. Todo esto tendrá un reflejo en el nuevo Congreso y en la gobernabilidad del país.

Incluso el sistema proporcional es distinto del que prevalecía en 1973. El sistema de asignación proporcional de escaños inventado por el jurista belga Víctor D’Hondt en 1878 es sencillo y uno de los más utilizados en el mundo. Chile tenía un sistema D’Hondt modificado, porque incluía una cifra repartidora y los candidatos eran elegidos en orden de lista, lo que reforzaba el poder de las cúpulas de los partidos.

El bipolarismo atenuado

Hay un grupo de analistas que creen que las modificaciones al sistema, siendo profundas, no causarán un cambio radical. Son los que suscriben la tesis del bipolarismo atenuado. Se sostiene en la idea de que si bien se ha pasado del sistema binominal mayoritario, que tenía como consecuencia dos grandes coaliciones adversarias que podían turnarse en el poder, a uno proporcional, la fragmentación será superficial, y no de fondo.

Así, algunos de estos expertos ven que la elección puede dar origen a hasta ocho bancadas dignas de ser tomadas en cuenta: UDI, RN, liberales, DC, PS, PPD, PC y Frente Amplio. Se trataría de grupos relativamente pequeños, excepto en el caso de la UDI. Podrían existir otros grupos menores, alineados con intereses regionales.

Ricardo González, investigador del Centro de Estudios Públicos y responsable de las encuestas, sostiene: “En la elección parlamentaria, creo que Chile Vamos alcanzará poco menos del 50% de los escaños. Las dos listas de centroizquierda conseguirán menos escaños que Chile Vamos porque, en el margen, perderán algunos escaños producto de ir en listas separadas. No veo al Frente Amplio o a alguna de las otras listas alcanzando más del 10% de los escaños; por lo tanto, el peso de las coaliciones tradicionales se debería mantener dentro de los rangos habituales observados anteriormente”. “Recordemos -añade- que el Frente Amplio en elecciones anteriores ha tenido votación concentrada territorialmente, lo que facilita conseguir escaños en ciertas zonas, pero la identificación con este movimiento es baja a nivel nacional y su candidata presidencial ha ido perdiendo adhesión durante la campaña, lo que no ayuda a expandir el capital electoral de la coalición. Por esas razones, mi respuesta es que lo que se producirá será un bipolarismo atenuado”.

Roberto Izikson, de Cadem, también suscribe la tesis del bipolarismo atenuado. “Ninguno tendrá mayorías para aprobar nada. Chile Vamos se moverá entre 70 y 75 diputados y la Nueva Mayoría en torno a los 70. El Frente Amplio no sacará más de ocho diputados y Evópoli 4 o 5”.

Derecha pro y anti Presidente

Lo interesante será la forma en que se ordenen esos grupos. Y ahí, quién sea el futuro Presidente de la República será importante. Si el presidente es Sebastián Piñera, como indican la mayoría de las encuestas, la ex Nueva Mayoría tenderá a configurar uno de los polos, y la derecha, otro. Pero la DC podría convertir su actual vacilar en bascular, que es la hipótesis de trabajo del candidato de Chile Vamos. Esa tesis queda cancelada si el presidente es Alejandro Guillier, porque la DC volvería a rehacer el modelo neomayoritario. En el bloque de derecha, en cambio, la tensión principal con un Piñera presidente será entre los pro y anti Presidente más que entre RN y UDI, como ocurrió en el pasado. Ese puede ser uno de los efectos más llamativos de la presencia de José Antonio Kast.

¿Y que haría la derecha si Guillier es presidente? La unanimidad de las encuestas a favor de Piñera han llevado a una situación en que la elección del candidato de la Fuerza de la Mayoría casi es un “cisne negro”, un suceso altamente improbable y sorpresivo, como lo describió Nassim Nicholas Taleb. La gestión de la frustración que produciría este hecho sería muy compleja. No está claro que un Piñera convertido en un Frei en 2009 quisiera seguir en política. Y como la suerte favorece a los audaces, quizá Kast se quedaría con el liderazgo opositor durante un tiempo, lastrado por el hecho de que ya no sería diputado.

Las cuatro esquinas

La tesis de que el Congreso tendrá “cuatro esquinas” es básicamente del senador Andrés Allamand, que la ha descrito, por ejemplo, en la obra colectiva “La mayoría de las ideas” (Ed. El Mercurio, 2017). Para él, la elección del 19-N equivaldría a la votación española de diciembre de 2015, cuando el bipartidismo español (PP y PSOE, artífices de su Transición a la Democracia) se fragmentó en cuatro fuerzas políticas relevantes (se añadieron el izquierdista Podemos y el centrista-liberal Ciudadanos). En aquella elección, el PP de Mariano Rajoy perdió la mayoría absoluta, y eso condujo a una repetición de elecciones en julio de 2016.

Las “cuatro esquinas” estarían formadas por la izquierda del Frente Amplio, una centroizquierda que acogería lo que queda de la Nueva Mayoría (PS y PPD), un centro ocupado por la DC y elementos como el partido Ciudadanos, de Andrés Velasco, y un bloque de derechas constituido por Chile Vamos.

Este escenario enterraría la bipolaridad que ha reinado en Chile desde 1990 y abriría el camino a un Congreso con cuatro bloques que permitiría una “geometría variable” parlamentaria. La capacidad del gobierno dependería de la habilidad del presidente y sus ministros para tejer acuerdos y recabar apoyos. La actividad política se desplazaría al Congreso de una manera muy intensa.

“A cuatro bandas se generaría una situación líquida que permitiría negociar cuestiones importantes, como la modernización del Estado”, explica un analista ligado a Renovación Nacional (RN). Por contraposición, el bipolarismo tendería a solidificar las posturas. En la década de 1990, la Concertación tenía en RN a un opositor privilegiado para buscar acuerdos. La UDI habitualmente los rechazaba, pero en muchas ocasiones se sumó al consenso.

Ahora, si Piñera es presidente, se daría una situación parecida, en la que Chile Vamos otorgaría la interlocución privilegiada al centro político (DC, más Ciudadanos) y al consenso se sumaría la esquina socialdemócrata (PS y PPD).

Los tres tercios y el papel de la DC

Un tercer escenario que resulta probable para los analistas es que la Democracia Cristiana tuviera un resultado electoral que le permitiera convertirse en un pivote en el centro político. Para ello tendría que sumar en torno al 20% de los votos junto con otras fuerzas de centro, como el partido Ciudadanos, de Andrés Velasco. Esto le permitiría atraerse a la Nueva Mayoría y aislar en la extrema izquierda a un Frente Amplio muy radicalizado que podría contar o no con el PC. Eso reeditaría el esquema de los tres tercios renovado o el de tres polos (izquierda, centro y derecha) de tamaño variable que flotarían en un magma de otros micropartidos (Evópoli, Ciudadanos, Amplitud…).

Pero la elección parlamentaria puede acabar definiendo dos DC muy distintas, debido a la forma en que han elaborado sus candidaturas. Han situado candidatos de sensibilidades distintas con el fin de que se complementen mutuamente. Pero eso daría lugar a un partido muy diferente si son elegidos en Valparaíso, Maule y Araucanía los candidatos Ignacio Walker, Andrés Zaldívar y Fuad Chahín que si son elegidos en las mismas circunscripciones Aldo Cornejo, Ximena Rincón y Francisco Huenchumilla.

Claudio Fuentes, de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales, le ve sentido a este esquema. “Repetiría el modelo del primer gobierno de Piñera, con la DC actuando de partido pivote, sobre todo en el Senado, donde a la DC, presumiblemente, no le irá mal”.

Sergio España, socio de Subjetiva -empresa de estudios de mercado-, afirma que “todo dependerá de los liderazgos que surjan. Creo que Yasna Provoste será la gran ganadora y buscará mantener la Nueva Mayoría. Está difícil para Andrés Velasco y para la opción de centro con la DC de Mariana Aylwin y otros. Claramente, habrá dos izquierdas, y la pregunta es adónde se alineará el PC. Es difícil que la derecha se divida si conquista el gobierno, por más que Kast logre más del 5 por ciento del electorado”.

Cinco quintos y la fragmentación

Uno de los análisis más sugestivos lo pone sobre la mesa el ex candidato presidencial Tomás Jocelyn-Holt. A su juicio, hay cinco culturas políticas en Chile: una conservadora católica, otra liberal dispersa, otra heredera de las luchas políticas de la década de 1920 (la masonería, la DC…), una izquierda que hoy tiene doble expresión (socialdemócrata y Frente Amplio) y una identidad ambientalista “que podría llegar al 15%” si se reformulara.

“A mi modo de ver, esas culturas políticas son parte de la solución, y no del problema, en tanto exista un presidente que sabe arbitrarlas y sacar los más decente, ético y capaz de cada una de ellas”, explica. Desgraciadamente, el nuevo sistema electoral producirá una elevada fragmentación. Jocelyn-Holt cree que muchos de los nuevos partidos apenas tendrán dos años de existencia y quedarán al borde de la disolución. “En las siguientes elecciones se volverán a recrear”.

En un ambiente de alta fragmentación, “el gobierno tiene todos los recursos para hacer lo que quiera”, advierte. “Tendrás un núcleo semiduro piñerista formado por la UDI y RN, con eventuales grupos descolgados al estilo Kast u Ossandón. Evópoli, que es la apuesta del piñerismo para bloquear que su gente se desplace a la izquierda y con constantes disputas sobre cuán autónomos podrían ser del presidente. En la oposición habrá dos izquierdas. Y la DC podría quedarse en 18 diputados, debilitada y desorientada. ¿Cómo se maneja eso? Nadie lo sabe, pero exige iniciativa y saber dónde quieres llegar”.

Marta Lagos coincide en la elevada fragmentación del Congreso: “El Parlamento será un arbolito de Pascua, atomizado, lleno de semicaudillos de partido o independientes y de partidos desesperados a la búsqueda de poder, con alianzas frágiles y pasajeras. El PDC es duro de matar, pero son dos partidos: los que quieren statu quo y los que quieren el cambio. Veremos cuál de los dos se queda con la marca, mientras el otro se va. El Partido Socialista será brutalmente derrotado, por lo que los dos partidos principales que sobrevivieron a la dictadura siendo los pilares de la exitosa transición habrán sucumbido ante la democracia. Quién habría pensado que eso podía suceder”.

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