Ana María Stuven - La Tercera
05 / 04 / 2021
Los pedidos de auxilio de un niño en una residencia “familiar” del Sename -nombre equívoco, pues no corresponde a un lugar de familia sino al deseo de recrear con menos niños un ambiente más amable- reanimaron el debate sobre las personas privadas de libertad. Se tiende a asociar la privación de libertad con las cárceles; poco se piensa que hay otras poblaciones que viven también en esas condiciones: enfermos psiquiátricos, niños, niñas y adolescentes.
Las residencias del Sename son espacios de privación de libertad donde viven 17.886 niños, niñas y adolescentes acogidos a las diversas modalidades de un servicio en desmantelamiento para ser reemplazado por el Servicio Nacional de Protección Especializada, que dependerá definitivamente del Ministerio de Desarrollo Social. Esta instancia deberá dar cumplimiento a los compromisos internacionales firmados por Chile y respetar los tratados que originaron el Comité de Prevención de la Tortura y otros Tratos Crueles, Inhumanos y Degradantes, el cual responde a la experiencia internacional que busca disminuir los factores de riesgo de maltrato, enfatizar las labores de prevención, a través de visitas, diálogo, sensibilización, y capacitación a los custodios.
Reestructurar las instituciones de protección de niños, transitar hacia un mejor modelo, llenar los vacíos institucionales que invisibilizan otros espacios donde niño/as permanecen bajo custodia del Estado, y revisar los protocolos que se aplican a situaciones que les afectan, es una necesidad urgente para prevenir los daños a menudo irreversibles que produce la vulneración de sus derechos.
