Matrimonios de chilenos con extranjeros casi se cuadruplican en cinco años

Cristián Doña, La Tercera

Pasaron de 1.429 en 2011 a 5.144 en 2015, año en que representaron el 8% del total. Uniones de hombres con extranjeras casi duplica al de chilenas con foráneos.

Uno de los principales indicadores de un país que integra y asimila la población migrante son los matrimonios mixtos, nombre que reciben en nuestro caso, los conformados por un chileno/a y un extranjero/a, y que en los últimos años van en sostenido aumento. Según cifras del Registro Civil, si en 2011 hubo 1.429 de estos enlaces, en 2015 aumentaron a 5.144, un alza de 266%.

Estas uniones representaron el 8% del total de matrimonios en 2015 (63.857), un fenómeno que va muy entrelazado con el alza en el flujo migratorio que ha experimentado Chile en los últimos cinco años.

Medardo Aguirre, director del Centro Nacional de Estudios Migratorios de la U. de Talca, dice que los datos de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen), muestran que antes de 2011 la población migrante en Chile representaba entre el 1% y el 1,4% de la población nacional. Después de 2011 se aprecia un incremento importante, pasando a representar el 2,1% (Casen 2013) y luego el 2,7% (Casen 2015).

Antes de 2011 los migrantes aumentaban en un porcentaje promedio de 10% anual, pero la Casen 2013 (que considera la estadística 2011-2012) muestra que el aumento fue de 45,3%. A su vez, entre 2013-2015 el alza fue de 31,23%.

A noviembre de 2015, según el Departamento de Extranjería y Migración (DEM), en Chile ya había 477 mil inmigrantes residentes, que representan el 2,7% de la población.

Aunque la proporción es baja a nivel mundial -datos de la División de Población de la ONU para 2015 muestran que en países desarrollados el porcentaje de migrantes residentes es en promedio 11,3%-, sí es una cifra alta en el escenario sudamericano donde el promedio según datos de la ONU es de 1,4%.

Al respecto, Giampaolo Lanzieri, geógrafo de la Comisión Europea, señala que “pocas cosas dicen más de que una persona nacida en el extranjero se está convirtiendo en parte de su país de adopción, que casarse con un local”.

Dos culturas

Para entender el alza en los matrimonios mixtos, Jorge Dehays, coordinador del Diplomado de Sociodemografía de las Migraciones de la U. de Chile, indica que una hipótesis sería que algunas comunidades los usen como estrategia para lograr una residencia definitiva y acelerar el proceso (ver nota secundaria).

Sin embargo, estima Dehays, que el aumento respondería más bien al encuentro de dos culturas y la novedad de potenciales parejas diferentes. En ese sentido, por ejemplo, en 2015, fue mayor el número de hombres que se casaron con extranjeras (3.184), que de chilenas con extranjeros (1.960).

Las solicitudes de permanencia definitiva, dice Dehays, también aportan otro dato al fenómeno. Según cifras del DEM, estas solicitudes crecieron 202,5% entre 2005 y 2014, (11.907 a 36.024).

Además, la migración en Chile es principalmente de personas jóvenes que se concentra entre los 20 y 35 años, según datos del DEM. Un grupo que pasó en 10 años de 36,5% a un 43,3% del total de los migrantes.

Llegan a Chile por trabajo y seguridad, indica un estudio del Centro Nacional de Estudios Migratorios de la U. de Talca. Y un porcentaje importante quiere permanecer en el país (60%). Los más decididos son aquellos que perciben en Chile más seguridad, y “que tienen mayores redes de amigos y familiares”, sostiene Medardo Aguirre.

Y esa intención se plasma en muchos casos en matrimonios con chilenos, donde se “conformarán familias con hijos nacidos en Chile”, dice Aguirre.
Históricamente, el matrimonio entre parejas de distintos países es una de las claves de los procesos de integración, agrega Cristián Doña, director del Observatorio de Desigualdades de la U. Diego Portales. “Permite pensar en una sociedad más abierta, que comprende mejor a los otros”.

Panorama de transición

La situación actual de Chile respecto de los efectos sociales de la migración es de tránsito, destaca Cristián Parker, académico del Instituto de Estudios Avanzados de la U. de Santiago. “Pasamos de una sociedad hasta cierto punto homogénea, a una étnicamente diversa, y fue rápidamente en los últimos cinco años”, aclara.

Por lo mismo, plantea Doña, lo interesante será observar el efecto que esas uniones tendrán en los nacimientos. “Las parejas chilenas tienen bajos niveles de fecundidad, y las parejas extranjeras se sabe que tienen un mayor nivel; habría que ver qué pasa con las parejas mixtas”.

Los expertos coinciden en que el tema plantea muchas interrogantes. Desde ver si un migrante de segunda generación tiende a casarse con personas del mismo origen extranjero o no, a los efectos que puede tener en la movilidad internacional.

Racismo

“Chile es un país profundamente racista”, afirma Doña. La diferencia es que antes no teníamos cómo medirlo. “Había racismo contra los pueblos originarios, pero hoy que ya tenemos la población afrodescendiente en Santiago, el racismo es cotidiano”. Los patrones de discriminación en este aspecto se mantienen, agrega. “Es diferente si se lleva a la casa una pareja europea que a un afrodescendiente o peruano”.

Que en ese marco de prejuicio se produzca esta alza, habla de una ruptura en ese sentido discriminador, resalta Parker. “Es una apertura de lo que significa construir relaciones interculturales. Es muy notable e interesante como signo de transición”.

Lo que pasará con el aumento en las uniones, indica Doña, dependerá de cómo el Estado maneje sus políticas de integración. “Y de cómo se presenten cotidianamente esos temas desde la prensa, la TV, en los colegios. De todo eso depende cómo se logra esta interculturalidad”, manifiesta.

Un obstáculo, dice Aguirre, es que el tema se instaló en forma sesgada. “Ciertos sectores políticos lo han vinculado con la delincuencia y no con el aporte cultural que significa para el país la llegada de extranjeros”.

El modo de ser familia está cambiando con su llegada. Por lo que la tarea para las autoridades, los políticos y los medios de comunicación, recalca Aguirre, es no enfatizar solamente en los aspectos negativos de la inmigración, “sino más bien enfatizar los positivos”.

Leer artículo en La Tercera