Consuelo Figueroa - La Tercera
15 / 03 / 2021
La intensa controversia que ha surgido alrededor de la estatua de Manuel Baquedano es una manifestación más de las múltiples y soterradas disputas que se han dado en torno a la memoria histórica y los diversos significados de la “chilenidad”.
El levantamiento de monumentos estuvo íntimamente vinculado al surgimiento, desarrollo y consolidación de los estados nacionales modernos. Éstos, en su afán de afianzar y difundir el sentimiento de pertenencia desplegaron distintas estrategias tendientes a dar forma a lo que B. Anderson denominó la “comunidad imaginada”. La historia, como disciplina de estudio, se constituyó en uno de los dispositivos más relevantes. Los relatos, construidos como trayectorias pretendidamente objetivas y coherentes que incluirían a todos los habitantes del territorio, tenían como fin delinear los contornos y dar espesor a una idea de nación que se concebía única, indisoluble y eterna.
Sin embargo, el siglo XIX, particularmente la segunda mitad, se caracterizó por profundas fracturas y agudos conflictos internos y externos que poco tenían que ver con esos discursos. De hecho, estos excluyeron de forma manifiesta a mujeres, afrodescendientes, campesinos, indígenas, sectores populares y clase obrera, es decir, la gran mayoría de la población.
