La solución Lagos

Claudio Fuentes, El Mostrador

El diagnóstico de Ricardo Lagos es lapidario. Aquí no vivimos ni una crisis de confianza, ni una crisis de representación política. Lo que aquí sucede es una crisis institucional. Las instituciones en su conjunto están cuestionadas por la ciudadanía y aquello es un tema serio. Se trata de uno de los primeros actores delestablishmentconcertacionista que se atreve a mencionar las palabras crisis institucional.

Sin embargo, me detendré aquí en la solución. Si la crisis es tan grave, ¿qué propone Lagos? Plantea dos soluciones.

Primero, sostiene que la responsabilidad es de las instituciones: “Quienes lo deben hacer son los poderes del Estado: el Ejecutivo, el Legislativo, los jueces”. Indica que hace 50 años, enfrentada una similar crisis, “se habría reunido el Senado para tratar con urgencia el tema y que, en esa instancia, habrían salido a opinar algunas de las mejores espadas del sistema político para generar alguna respuesta a la crisis y encontrar algún consenso”. En Lagos existe una añoranza a una calidad de representación aparentemente perdida en la chimuchina política actual.

Segundo, plantea que “oí decir que tal vez el próximo Parlamento, que ya no será elegido bajo el sistema binominal, pueda resolver esto. Me parece atendible”. Entonces Lagos parafrasea la solución española, cuando las cortes se autodisolvieron y permitieron que la próxima legislatura tuviese atribuciones para disponer de una nueva Carta Fundamental. “Como en Chile no cabe la autodisolución –plantea Lagos–, eso significa tener que esperar año y medio”.

La solución Lagos se encuentra de este modo radicada en el propio sistema político. No existe, en su opinión, alternativa alguna para innovar. Son las propias instituciones de representación las que deben encarar este serio asunto de resolver la crisis institucional. Mira a la España postfranquista y no a otros territorios.

Se trata así de una solución endógena, toda vez que sabemos que el “nuevo Congreso” no será tan nuevo. Como la posibilidad de reelección aumentó con la reforma al sistema binominal y como el sistema binominal se mantuvo en una parte del Senado, lo más probable es que tendremos los mismos partidos y los mismos representantes en el “nuevo” Congreso Nacional.

El problema, entonces, con la solución Lagos, es que apuesta exclusivamente por el camino de los actuales espacios de representación. Y como dichos espacios están tan desacreditados y deslegitimados socialmente, dicho camino termina pisándose la cola. Buscará soluciones que serán percibidas por la ciudadanía como “arreglos”, “consensos” de una “cocina” que ha funcionado de esa forma por 20, 30, 50, 100 o más de 200 años. Podríamos arribar a una nueva Constitución maravillosa, pero donde la ciudadanía no la sentirá como propia. Será un nuevo arreglo, un nuevo acuerdo de las cúpulas, como lo fue el del 2005.

La interrogante es si cabe una solución alternativa, ¿es posible imaginar una solución que abra espacios de participación incidente, que se haga cargo de la demanda por que sea la ciudadanía la que pueda participar proactivamente de un proceso que le entregue legitimidad al sistema? ¿Es posible algún mecanismo (una Convención, una Asamblea) que genere la suficiente confianza social para redactar un nuevo acuerdo constitucional? ¿Es posible abrirse a un camino de innovación que no genere temor en quienes detentan el poder hoy, pero que al mismo tiempo recoja las aspiraciones sociales?

Ricardo Lagos, por el momento, sigue atrapado en los marcos jurídicos y políticos actuales. Aspira a que sean los representantes políticos los que nos saquen de esta crisis institucional. La historia demuestra que rara, muy rara vez, el consenso de las élites deja tranquilas a las masas ciudadanas. Cualquier solución estabilizadora y democrática siempre ha requerido el concurso de una ciudadanía organizada que proactivamente contribuye a legitimar los acuerdos coyunturales de un grupo de ciudadanos (usualmente representantes de las propias élites).

Por esta misma razón, y levantando la vista hacia la elección presidencial de 2017, la gran división, el gran clivaje de la elección será la pregunta de cómo resolver la crisis institucional, y mientras algunos propondrán una solución desde el Congreso Nacional, otros propiciarán la opción de una Constituyente. Y Lagos, por el momento, forma parte de los primeros.

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