El “otro” eres tú

Carlos Meléndez, El Comercio

“Se defiende el enfoque de género o se lo ataca como ideología porque toca las pulsiones más elementales de uno u otro lado”.

La marcha #ConMisHijosNoTeMetas ha sido una de las más importantes respuestas conservadoras locales a las iniciativas liberales de los últimos años. La ola igualitaria gatillada a nivel mundial –reconocimiento de derechos para la comunidad homosexual, respeto y políticas de equidad para mujeres, etc.– provocó una contraola conservadora que hemos apreciado en las urnas (Brexit, Trump, victoria del No en el referéndum por la paz en Colombia).

En el Perú, la polarización en torno a valores (aún) se detenta en el campo de la sociedad civil. Periodistas y “líderes de opinión” esgrimen sus posiciones en la prensa; iglesias evangélicas y colectivos asociados a ONG en las calles. Aunque algunos atemorizan con la eminencia de un “Trump chicha” (¿Phillip Butters?), el nivel de politización en el Perú es menor en comparación con otros países (Colombia, por ejemplo).

Los asuntos morales son motivaciones poderosas para el activismo ciudadano porque están directamente asociados a las identidades personales. Se defiende el “enfoque de género” o se lo ataca como “ideología” porque toca las pulsiones más elementales de quienes se enlistan en uno u otro lado de la disputa. Cada grupo enfrentado apela al paradigma que justifique su razonamiento, ya sea científico o religioso. En la confrontación pública de estas estructuras morales, estudios científicos y sagradas escrituras se convierten en documentos de posverdad. El intercambio desordenado de posiciones se superpone sobre desencuentros sociológicos previos (de clase y origen social). Así, la polarización de valores se agudiza cuando uno de estos paradigmas se presupone “superior” a otro. Por ejemplo, quienes defienden la “superioridad de la razón” lo hacen exhibiendo las jerarquías de ingreso, estatus social, nivel educativo, etc. Como consecuencia, el conflicto estalla de manera irreconciliable.

La situación es grave porque entonces no estamos ante una disputa en torno al currículo escolar, sino ante un serio problema de convivencia social. Se ha perdido el sentido de comunidad (“nosotros”) y establecido la división entre “unos” y “otros”. El “progre” que intenta ponerse en el lugar ajeno lo hace desde una posición superior (“son ignorantes”), ofensiva (“son la encarnación del Ku Klux Klan”) y burlesca (“la Tierra es plana”). El “conserva” se siente perteneciente al antiestablishment, así que insulta a diestra y siniestra (“aborteros”, “promotores del lobby gay”). Lo que se ha perdido de vista es que, cualquiera que sea el paradigma que endose, el “otro” es Usted mismo.

Este es el tipo de conflicto social que estalla en las narices del gobierno pepekausa, carente de respuesta política. Pareciera que para quienes ocupan el Ejecutivo, gobernar significa exclusivamente administrar la economía; desconocen qué hacer cuando surgen conflictos en la sociedad. Analizan las protestas ambientales desde sus anteojeras pro empresa, pero les asalta la inamovilidad ante conflictos valóricos. Ante ellos, el Ejecutivo ignora cómo ponerse por encima de los bandos y consensuar políticas públicas, especialmente en los sectores Educación, y Justicia y Derechos Humanos. Ellos también parecen ser el “otro” de una sociedad que no comprenden.

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