El impacto en el país por la ausencia de Chile en el Mundial

Cristián Doña, La Tercera

La idea de un país triunfador tuvo su correlato en la selección y frustración fue inevitable. Chilenos que dicen que no les gusta el fútbol subieron de 15% a 28%.

Ser catalogada como la mejor selección que Chile ha tenido en la historia no bastó. El 10 de octubre de 2017, figuras como Claudio Bravo, Arturo Vidal, Alexis Sánchez y Gary Medel quedaban fuera de la Copa del Mundo de Rusia 2018. Chile era eliminado ante Brasil y así también la ilusión de un país ya acostumbrado a triunfos, que verá cómo mañana comienza el campeonato (ver págs. 27-30) sin la Roja.

“Fue una caída dura”, señala Rodrigo Figueroa, académico de Sociología de la U. de Chile y entrenador del Club Barnechea (serie Sub 14). Al momento de su derrota la selección estaba dentro de las 10 mejores del mundo, “las expectativas eran que, de llegar a Rusia, sí o sí pasaban la primera ronda”, dice.

Chile había asistido a dos mundiales consecutivos (Sudáfrica y Brasil) y había obtenido dos inéditas Copa América, triunfos que coronaron el momento cúlmine de una serie de hitos. “La mejor economía de la región, el país más seguro, menos corrupto, etc. A todos esos éxitos que nos hacían ser ‘el país líder’ de la región, faltaba lo deportivo. Es parte de nuestra construcción chauvinista de ser los líderes de la región”, explica Cristián Doña, sociólogo del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales de la U. Diego Portales.

Por ello, la eliminación dio paso a una fuerte frustración social, explica Figueroa. Lo que se ha acrecentado al ser blanco de burlas. “Durante 10 años estuvimos muy cerca y experimentamos el ganar. Pero lo manejamos con mucha soberbia y generamos anticuerpos en el resto de la naciones, como Argentina, que nos recuerda que no estamos en el Mundial”, dice.

Ad portas de partir la Copa Mundial, ese sabor amargo permanece. “Afecta mucho, si pensáramos que la selección es el único espacio donde cobra importancia la nación”, comenta Diego Vilches, historiador y autor del libro, Del Chile de los triunfos morales al Chile, país ganador. La identidad nacional y la selección chilena de fútbol durante la dictadura militar (1973-1989), que analiza el discurso de la prensa deportiva en ese período.

En paralelo a la frustración, un estudio de GfK Adimark revela que el porcentaje de chilenos que dice que no les gusta el fútbol aumentó de 15% a 28% entre 2014 y 2018.

Identidad nacional

Según Vilches, “en el Chile neoliberal, en que más que compatriotas, los chilenos compiten entre sí, la selección es uno de los pocos espacios en que nos sentimos chilenos. El Mundial era un espacio para que se reprodujera ese discurso de lo nacional y, justamente, Chile no va a estar. Eso genera frustraciones”.

La identificación con el fútbol no es casual, añade Doña. La selección es usada como representante de la chilenidad. “Es una muestra de nuestra identidad nacional, con todas sus cosas positivas y negativas. Es una parte central de nuestra ‘comunidad imaginada’ en la cual todos podemos estar de acuerdo. Es un símbolo como la bandera”.

La herida está entonces en la imagen de “campeones y ganadores”, acota Vilches. Concepto que hasta antes de 1980 no existía claramente vinculado al fútbol. “No fue planificado, pero la dictadura tuvo un proyecto económico y también una expresión cultural con ciertos valores. El discurso triunfalista impactó en las expectativas, valores y en la visión ética que existía en el país, transformando profundamente la identidad chilena”.

Transformación que también vivió la selección. Chile fue uno de los fundadores del fútbol sudamericano en 1916, dice Vilches, y además participó en el primer Mundial de Fútbol de 1930. Sin embargo, “para 1974 los chilenos solo habían sumado participación en los mundiales de Brasil, Inglaterra y Chile, y sus principales logros se reducían a dos subcampeonatos continentales” (en la década del 50 y al tercer lugar de 1962).

En prensa se difundía la imagen de un seleccionado débil y con una fuerza humilde internacionalmente. Pero para el Mundial de España en 1982 eso cambia. Coincidiendo con el discurso oficial, explica el historiador, que hablaba de una nación poderosa que transitaba aceleradamente al desarrollo. “El proceso de 1982 se caracterizó por el triunfalismo extremo, mientras el entrenador nacional, Luis Santibáñez, aseguraba estar formando un equipo arrollador”.

A medida que se implementó y consolidó el proyecto de modernización neoliberal, dice Vilches, los triunfos morales ya no fueron suficientes. El episodio del “Cóndor” Rojas lo ejemplifica. “Develó que hacia finales de los 80 para los chilenos era inaceptable obtener un triunfo moral con la mayor potencia futbolística del mundo (Brasil)”.

Hoy estar fuera del Mundial, agrega Figueroa, permite observar y tomar conciencia de qué se puede cambiar. “El desafío más importante es que la Anfp entienda que los jugadores necesitan un entorno de entreneabilidad profesional, para que el cambio entre Europa y Chile no sea tan radical. Es lo que está detrás del reclamo de Bravo, que se trate al seleccionado nacional como un jugador de primer nivel”.

Para Vilches, se trata además de una oportunidad para ver el fútbol desde un ángulo diferente al de la mentalidad ganadora. “Más cercano al estilo Bielsa, basado en el compañerismo, la mesura y una competitividad necesaria”, recalca.

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