Clase media alta valora más la educación que resto de grupos sociales

María Luisa Méndez y Modesto Gayo, La Tercera

¿Cómo es la clase ABC1 hoy en Chile? Es una pregunta que investigadores del Centro de Estudios para el conflicto y la Cohesión Social (COES) y de la U. Diego Portales (UDP), María Luisa Méndez y Modesto Gayo, buscan responder en su estudio -financiado por Fondecyt- “Sobre las viejas y nuevas formas de reproducción social en la clase media alta en Chile”.

El trabajo analizó los cambios en la estructura social chilena en las últimas décadas en este grupo objetivo.

Para ello encuestaron a 400 familias del cono de alta renta y a 800 familias del resto de las clases sociales, con entrevistas cara a cara, en un trabajo de campo que se hizo el año 2015 en la Región Metropolitana (RM).

El segmento socioeconómico ABC1 correspondió a las comunas de Las Condes, Vitacura, Providencia, La Reina y Lo Barnechea, mientras el resto de las clases a las otras comunas de la RM.

A pesar de que en varios puntos los sectores socioeconómicos tienen similares respuestas, el ABC1 es el que les otorga las mayores valoraciones.

Marcador de clase

Al ser consultados sobre cómo mejorar la posición social, la clase media alta contesta mayoritariamente que se logra al “tener un buen nivel educacional” (44,5%), versus el 29,5% del resto de la población. En segundo lugar se menciona a los contactos, con el 37,9% (ver infografía).

El trabajo recalca que padres y madres de todos los segmentos comparten preocupaciones similares en materia escolar: escoger un colegio seguro, con prestigio y buen desempeño.

Emmanuelle Barozet, socióloga de la U. de Chile, resalta que la relevancia de la educación va más allá de la clase media alta. Es transversal. “Es una idea que se ha instalado desde la transición y se ha fortalecido desde finales de los 90 y los 2000, en que hubo un mandato social a acceder a la educación y la clase media alta lo tiene incorporado como un activo, pero no es el único grupo que lo valora”.

Sin embargo, indica María Luisa Méndez, investigadora COES y directora de Sociología de la UDP, se ven diferencias en las habilidades que los niños y niñas de los distintos grupos socioeconómicos desarrollan en el colegio. “Los sectores medios altos valoran adicionalmente que el colegio desarrolle el pensamiento crítico, habilidades artísticas y que aprendan otras lenguas. En la elección se fijan en la opinión de sus redes de amistad y les importa el contacto social que se obtenga del colegio”, dice Méndez.

Modesto Gayo, sociólogo de la UDP, explica que el lugar de residencia y el colegio son centrales, pero no siempre por las mismas razones. “El colegio sirve también como un marcador de clase, y su función está asociada al mantenimiento de las posiciones de clase. Colegio y reproducción social son frecuentemente aliados”. En el sector de participación escolar, el estudio menciona que un 70,8% del segmento ABC1 asiste a actividades académicas, mientras que el resto de los grupos socioeconómicos sólo el 48,8% lo hace.

La clase media alta no solo tiene un conocimiento más profundo del sistema educacional, indica Barozet, sino que también ejerce estrategias de cierre. “Primero elige un sector con una oferta educacional adecuada, porque los colegios de elite están emplazados en ciertos lugares y no repartidos de manera equitativa en todas las comunas. Eligen colegios que tienen cuotas de ingreso muy altas y en los que la familia haya estudiado”.

La elección escolar y residencial es una práctica acentuada del sector medio alto. “El grueso de la RM no elige dónde estudian sus hijos/as ni dónde residen con la intensidad con la que lo hace este segmento”, dice Méndez.

A diferencia de la literatura internacional, en el caso de Santiago, plantea el estudio, las estrategias de reproducción de la posición de clase media alta son relativamente homogéneas. Es decir, las familias crían de forma similar a sus hijos, priorizando el colegio y el lugar de residencia, y en este sentido siguen un patrón “del que nadie se sale”, dice el trabajo.

Y si bien socialmente se asume la relevancia que tiene la educación para disminuir la desigualdad social, a juicio de Méndez hay aspectos críticos que la actual Reforma Educacional no aborda. “Dejó fuera a los colegios privados, lo que provoca que se puede seguir seleccionando por ingreso, religión o contactos. La diversificación de matrícula debió haber sido más transversal”.

Sin embargo, sobre este punto Trinidad Schleyer, abogada del Programa Legislativo de Libertad y Desarrollo, manifiesta que la Ley de Inclusión no garantiza la libertad de los padres para elegir el colegio y el proyecto educativo que quieren para sus hijos. “Si entraran los colegios privados ya no quedaría ningún margen de acción de quienes deseen una educación diferente”, advierte.

Prácticas culturales

Desde el punto de vista de las prácticas de reproducción de clase, hay otro patrón dominante y homogéneo junto con la educación privada: las actividades culturales.

Este último aspecto se aprecia en la intensidad en prácticas culturales, como por ejemplo ir al teatro, donde el grupo ABC1 resalta con un 74%, versus a los otros grupos socioeconómicos donde sólo el 32,9% reconoce asistir. El estudio también dice que estas prácticas culturales “se intensifican con la educación privada, el privilegio de relaciones sociales, el aprendizaje de idiomas y desarrollo de habilidades artísticas, entre otros aspectos”.

Y si bien en términos culturales, dice Méndez, hacen lo mismo que el resto de los grupo, la infraestructura y oferta cultural están desigualmente distribuidas en Santiago, y ese grupo usa más los recursos de la ciudad, se mueve por misma para usar esos lugares de ocio.

“Tienen más recursos, pero también más tiempo y dedicación a esas prácticas y es una transmisión de prácticas de relevancia, que van a generar una diferencia notoria entre profesionales. El capital cultural es un mecanismo de distinción”, dice.

Agrega que “la inversión en educación, prácticas culturales, vivienda, barrio y colegio en la etapa de crianza, establecerá brechas difíciles de remontar para sectores menos privilegiados”. Frente a ello, Trinidad Schleyer sostiene que “para que exista menor desigualdad se debería focalizar el destino de los recursos”.

Son los que más confían y un 41% está a favor de la pena de muerte

El 42% señala que casi siempre se puede confiar en las personas.

El estudio financiado por Fondecyt también analizó los valores sociales, culturales y percepción de la desigualdad y la diversidad, de la clase media alta en Chile y el resto de los grupos.

Los resultados muestran que la clase media alta revela mayores niveles de confianza que las otras clases sociales. Por ejemplo, el 42% dice que casi siempre se puede confiar en las personas, cifra que en el resto de las clases de la Región Metropolitana es del 24%.

Que los niveles de confianza sean mayores en ese grupo es entendible, indica Emmanuelle Barozet, socióloga de la U. de Chile, porque a los segmentos que les va bien socioeconómicamente tienen más recursos para tener una relación social pacífica. “Cuando se vive en barrios segurizados se tiene acceso a tribunales, tus hijos están en colegios prestigiosos, o tienes amigos que te ayuden a resolver problemas, es normal que se confié más”, plantea.

Los resultados del estudio muestran además que 41% de los entrevistados ABC1 cree que debería permitirse la pena de muerte, cifra que es menor al promedio de los otros grupos socioeconómicos, donde el porcentaje es de 48,5%.

Que el 41% apruebe la pena de muerte, para Barozet responde a una visión del grupo más conservador dentro de la clase media alta. “Una minoría está de acuerdo. Es una buena señal que en ese grupo de elite solo el 41% este a favor”, indica.

63% dice que prefiere la democracia a cualquier otra forma de gobierno

En el resto de los grupos socioeconómicos la cifra llega al 49,4%.

Otros datos de la investigación realizada por los expertos del COES y la Universidad Diego Portales señalan que la clase media alta muestra mayor preferencia por la democracia y se diferencia del resto por sentirse menos indiferente en términos políticos. También tienen mayor participación política y social.

Es así como un 63% dice que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno (más que el resto de los grupos donde es de un 49,4%). Sin embargo, un 24% del ABC1 manifiesta que en algunas circunstancias un gobierno autoritario es preferible a uno democrático.

Dan cuenta, a su vez, de posiciones menos conservadoras respecto del trabajo de la madre; son más abiertos a la globalización, la migración y la descentralización.

Los resultados de las percepciones valóricas de ese grupo, señala el estudio, evidencian que es ni tan tradicional ni tan progresista.

Emmanuelle Barozet sostiene que no es posible hablar de una sola clase media alta, porque es muy heterogénea. “Existe un grupo que es la superélite, existe también una élite tradicional, una élite renovada y otro grupo de clase media alta, todos son distintos, varios han vivido en el extranjero, y se puede tener un grupo conservador que esté a favor, por ejemplo, de la pena de muerte”.

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