¡Chile tiene Ministerio de las Culturas!

La Tercera, Maite de Cea

Para quienes hemos seguido de cerca la evolución de la institucionalidad cultural en Chile desde el retorno a la democracia, no podemos sino estar contentos hoy.

Se acaba de aprobar la creación del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, una deuda histórica que se arrastraba desde los cabildos culturales en los años 90, comisiones presidenciales, seminarios en el Congreso Nacional en Valparaíso, distintos grupos de reflexión, etc. El camino no ha sido fácil, debates de fondo han nutrido todo el recorrido, pero sería injusto no destacar etapas importantes de progreso en la materia. No podemos negar que la creación del actual Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA) fue un avance sustancial en materia de institucionalidad cultural. Lo demuestran todas las cifras de democratización cultural existentes, así como el nivel de participación de la sociedad civil en distintos órganos consultivos y consejeros, aspecto inédito en la administración pública chilena en la época. Las leyes de fomento a distintos sectores del ámbito cultural son otra expresión de evolución en la dirección correcta.

Pero la discusión sobre cuál era la mejor forma de institucionalidad cultural continuó después de la instalación del CNCA y, lógicamente, con el pasar de los años y al alejarnos de un contexto socio-político que no dio para aprobar nada más robusto, la ciudadanía -y el mundo cultural particularmente-, comenzó a exigir subir el rango de importancia al ente estatal que dedica sus labores al fomento y desarrollo de las expresiones artísticas y de las culturas que habitan el territorio.

Es así como surge el primer proyecto de ministerio de Cultura y Patrimonio, bajo el gobierno de Sebastián Piñera que, luego de no prosperar el debate en el congreso, retoma el segundo gobierno de Michelle Bachelet elaborando una indicación sustitutiva. Todo dejaba pensar que en los 100 primeros días del gobierno de Bachelet veríamos esta indicación en discusión parlamentaria (así se había prometido), pero no contaban con un proceso que, si bien retrasó todo el trámite legislativo, agregó una dimensión fundamental a la discusión: el Estado de Chile estaba obligado a consultar a los pueblos indígenas, puesto que esta era una medida legislativa que podía afectarlos directamente. Siguiendo las obligaciones contraídas al ratificar el Convenio 169 de la OIT, se llama a una consulta previa para discutir y acordar con los pueblos indígenas y los afrodescendientes -que fueron igualmente invitados a participar del proceso- sobre cuáles eran los puntos fundamentales que debía recoger esta nueva institucionalidad.

Luego de realizada la consulta (entre 2014 y 2015) y haber llegado a 14 acuerdos a nivel nacional entre los pueblos y el CNCA (representando al gobierno), en enero de 2017 el ejecutivo ingresa el proyecto y lo somete a discusión en el Congreso Nacional. Entra a la comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, pasa a votación en sala y luego se va al Senado, lo revisa Hacienda, hasta llegar hoy a su final aprobación. Todo esto en un año y medio.

Se escucharon discusiones sobre el nivel de participación y representación de los ciudadanos y artistas, sobre los rangos y atribuciones de las distintas subsecretarías, sobre la descentralización efectiva de este nuevo ministerio, así como sobre el rol que le cabía al patrimonio en este nuevo entramado organizacional y sobre la inclusión del carácter multicultural de Chile, donde aparecía viva la discusión (hasta ayer mismo en la votación final) de si nombrarlo Ministerio de la Cultura en singular o de las Culturas en plural.

Todos quienes estamos por reconocer la diversidad de naciones que conviven en Chile y buscamos fortalecer la multiculturalidad y el fomento y desarrollo de las distintas expresiones políticas y culturales que han existido históricamente en este territorio, no podemos desconocer lo logrado en esa consulta indígena. Sin ser ingenuos y saber que no todos los acuerdos suscritos entre los pueblos y el Estado chileno se reflejan en el proyecto de ley, podemos celebrar algunos logros importantes: desde la “pluralidad del título”, el reconocimiento de la preexistencia de pueblos indígenas, pasando por incluir el patrimonio cultural indígena, promover el respeto a la interculturalidad y la diversidad cultural. Esto nos hace reafirmar nuestra convicción que estos procesos –si son realizados adecuadamente, bajo los estándares internacionales- son un claro instrumento de fortalecimiento de la democracia y un mecanismo efectivo de participación y respeto a los derechos indígenas y tribales.

Consulta indígena mediante, se aprueba el Ministerio de las Culturas en Chile, siendo esto otro paso adelante en el desarrollo de la institucionalidad cultural. Quedará ahora seguir alertas y ser vigilantes a la instalación de esta nueva figura y a la posterior implementación de las políticas, planes y programas en materia cultural.

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