Autoflagelantes y autocomplacientes, en versión Chile Vamos

Claudio Fuentes, La Segunda

En 1998, cuando la Concertación se disponía a celebrar los 10 años del triunfo del No, “autoflagelantes” y “autocomplacientes” se enfrentaron por primera vez, instaurando el debut de la competencia entre las sensibilidades del entonces bloque oficialista.

Veinte años más tarde, la denominación de complacientes y flagelantes parece válida para la toma de posturas de dirigentes, analistas y economistas cercanos al oficialismo, en estos primeros meses de la segunda administración de Sebastián Piñera.

Posiciones que se han hecho más evidentes tras la primera cuenta pública de Piñera el 1 de junio pasado, en la que el Mandatario anunció, entre otras medidas, que no rebajaría el impuesto a las empresas.

Luego surgieron las críticas de dirigentes de RN a la instalación del Gobierno, que se sumaron a las tensiones por la decisión del Ejecutivo de impulsar una agenda valórica en materia de adopción e identidad de género.

El dilema concertacionista

El fin de la década de los 90 fue una época de documentos a modo de balance: “La gente tiene la razón”, por el lado de los críticos, y “La fuerza de nuestras ideas”, por los complacientes, fueron textos que instalaron el debate. Mientras en los “autocomplacientes” primaba la satisfacción por lo hecho en los gobiernos de Patricio Aylwin y Eduardo Frei, “autoflagelantes” reclamaban por las carencias de la transición, criticaban el modelo económico y pedían más fuerza para cambiar instituciones políticas.

Figuras como Carlos Ominami, entonces senador socialista, Jaime Estévez, ex presidente PS de la Cámara, Jorge Navarrete Martínez (DC), ex primer director ejecutivo de TVN, y el cientista político Alfredo Joignant se inscribieron dentro de los críticos. Por otro lado, los senadores José Antonio Viera-Gallo (PS) y Edgardo Boeninger (designado); José Joaquín Brunner, en ese tiempo ministro portavoz, Ignacio Walker, diputado, y el sociólogo PPD Eugenio Tironi defendían la obra de la Concertación.

Brunner: “Debate estratégico”

“Miro con enorme interés este debate (hoy en la derecha), porque es esencial para el futuro”, sostiene hoy Brunner, uno de los protagonistas de ese debate. Aunque, aclara de entrada, que no observa un estricto paralelo entre esa disputa de los años 90 y el debate que ahora se da de manera incipiente en el oficialismo.

“Hoy día el debate es mucho mayor, porque ahora están en cuestión las bases mismas del proyecto socialdemocrático para el Siglo 21”, dice. “Nuestra disputa tenía que ver, básicamente, con la percepción de los cambios que estaba produciendo la modernización de la sociedad chilena. Y había dos interpretaciones: una muy crítica, que ponía énfasis en el malestar social que ellos provocaban, y otra de quienes pensábamos que no se trataba de un descontento contra el ‘modelo de desarrollo’, sino las típicas reacciones de inseguridad, incertidumbre y vulnerabilidades de las nuevas clases medias que se integran al consumo y la modernidad. O sea, no era una disputa valórica, como parece ser la que tiene hoy enfrentada a la derecha”, dice el hoy académico de la U. Diego Portales.

En ese sentido, Brunner cree que el debate en la derecha “es más parecido —aunque más en pequeño, porque participa menos gente— al debate de la izquierda chilena en los años ochenta sobre la renovación socialista”.En lo que respeta a la centroizquierda, Brunner recalca que el debate entre complacientes y flagelantes se cerró con la experiencia de la Nueva Mayoría, “cuando los flagelantes llegaron al poder, montaron un conjunto de políticas que la sociedad rechazó y un modelo de izquierda que fue un fracaso”.

A juicio del intelectual, la discusión de hoy en Chile Vamos no será gravitante para el gobierno de Piñera, “pero sí es un debate absolutamente estratégico y decisivo para la construcción de un proyecto de derecha democrática”.

Ominami: “Es más profundo”

A pesar de que estuvo en la vereda opuesta de Brunner, Ominami coincide en que hay una fisura mayor en la derecha. “Es más profundo y complejo (el debate hoy) que el que tuvimos nosotros, porque entre Felipe Kast y Van Rysselberghe hay muchas más diferencias que las que yo podría tener con Brunner”.

Agrega que en la derecha observa situaciones “profundas” y “cosas de principios”. “Nuestro gran común denominador era el restablecimiento de la democracia, en eso teníamos bastante acuerdo y por eso pudimos hacer todas las cosas que pudimos, pero frente a los temas de desarrollo, ya no había acuerdo”, agrega.

El presidente honorario de Chile 21 piensa que ahora en Chile Vamos debiese primar “la correlación de fuerzas, las votaciones y cantidad de parlamentarios. En ese sentido, suena razonable el alegato de Renovación Nacional de ser tratado como el principal partido”.A su juicio la discusión de los 90, la perdieron. “En los hechos, la ganaron los autocomplacientes. Al no zanjarse democráticamente, se impuso la política del mínimo común denominador y de vetos cruzados”, dice el economista, quien abandonó el PS en el año 2009.

Conservadores versus liberales

Para Claudio Fuentes, académico de la Escuela de Ciencia Política de la UDP, “efectivamente podría pensarse en una lógica de autocomplacientes y autoflagelantes. Los primeros valoran el impulso del proyecto de derecha y algunas medidas; los segundos critican la poca profundidad de otras y el acento más o menos liberal”. Sin embargo, advierte que “aquellos que se autoflagelan provienen de espacios políticos muy disímiles (conservadurismo radical versus el liberalismo)”.

Cristóbal Bellolio, de la Escuela de Gobierno de la UAI, dice “no tener tan claro” que aún se esté configurando tal escenario, ya que “en el caso de la Concertación se trataba de dos almas que interpretaban distinto cuál tenía que ser el modelo de desarrollo que llevarían adelante”. Hecha la salvedad, sí observa un fenómeno: entre los neoflagelantes están figuras como Daniel Mansuy, Hugo Herrera y Joaquín García-Huidobro, por lo que “sería interesante ver si los autoflagelantes en este caso son aquellos que consideran que el Gobierno no debiese hacerle muchos guiños a los sectores liberales y ser más fieles a un ideario conservador. Esa podría ser una forma de articular un mundo autoflagelante”.

Leer en La Segunda