Ana María Stuven publica sus mejores ensayos sobre el siglo XIX

El Mercurio, Ana María Stuven

“Este libro es una síntesis de las preguntas que la investigación en torno al siglo XIX chileno me fueron formulando”, señala Ana María Stuven. “El problema del orden social, la autoimagen de la élite y su interacción con la democracia, el temor a la irrupción del pueblo, los desafíos a la inclusión política y social, el vínculo entre religión y política, de la identidad de la nación; son todas inquietudes y también debates que continúan vigentes en el país”.

“La República en sus Laberintos” (Legatum Editores) es el último libro de la historiadora de la Universidad Diego Portales y la Universidad Católica, que reúne ensayos sobre política, cultura y mujeres en el siglo XIX chileno. Se trata de textos publicados, pero que en esta edición que los une fueron enriquecidos y reforzados de manera importante cada uno de ellos. Son los temas que han desvelado a Ana María Stuven durante su trayectoria de investigadora, teniendo siempre como guía la historia intelectual, para desentrañar aristas nuevas del siglo XIX, fundacional en muchos aspectos, de lo que somos hoy como nación.

-¿Qué se entendió por república en el siglo XIX hispanoamericano?

“La república fue, inicialmente, la forma de legitimidad política que debía reemplazar a la monarquía. Representa el triunfo de la libertad contra la dominación y también la institucionalidad necesaria para asegurar políticamente ese régimen de libertad. Su concepto guía es el de virtud cívica como el requisito orientador de la política, lo que explica en parte por qué la religión es un gran sustento en el fortalecimiento de las costumbres que serán, a su vez, producto de una ley sabiamente formulada. De ahí el esfuerzo por escribir constituciones que recojan los principios para la organización del Estado. La república actuó también como mito movilizador de las esperanzas que acompañaban el cambio de régimen político y el advenimiento de la modernidad política. Actores como Antonio José de Irissari asociaban incluso a la república con el concepto de felicidad; era un horizonte de expectativas que concitaba la unión entre los chilenos”.

-¿Por qué estudiar el siglo XIX chileno desde la óptica conceptual de la república y ya no desde el liberalismo?

“El liberalismo fue el discurso ideológico hegemónico durante el siglo XIX. Por lo mismo, su rendimiento interpretativo de la complejidad política de la época se vio disminuido, especialmente durante la primera mitad del siglo XIX. En cambio, el concepto de república explicita bien la principal vertiente del pensamiento político que se impone desde la Independencia. Es el republicanismo el que guía el diseño de las instituciones y prácticas políticas que deben reemplazar al régimen monárquico. Es el republicanismo el que impone un nuevo vocabulario político, en el cual conceptos como libertad, igualdad, virtud, ciudadanía, soberanía serán el molde para pensar la nación. El liberalismo busca darle un contenido ideológico a la república, pero este será un concepto en disputa que admitió múltiples acepciones durante el siglo XIX y solo adquirió una faz menos difusa cuando adoptó consignas como la lucha contra el poder eclesiástico y el Estado docente”.

-¿Por qué estudiar la república como un laberinto? ¿En qué sentido se usa esa expresión en el libro?

“El laberinto surge como la imagen que representa a los forjadores del Estado en su tránsito por senderos que ofrecían múltiples recorridos, ninguno de ellos con un desenlace conocido. Se deambulaba entre conceptos acuñados en otras latitudes, que nombraban realidades ajenas, pero que debían trazar los derroteros por los cuales debía transitar la república hacia la plena vigencia de los derechos que prometía y los deberes cuyo cumplimiento debía asegurar. El laberinto es una metáfora que me ha acompañado por años en la lectura de las fuentes de la historia política e intelectual del siglo XIX. Fue la imagen que se me venía a la cabeza cuando trataba de imaginar a personas nacidas en el Antiguo Régimen, criadas en un lugar muy alejado de la metrópolis, un país pobre y pequeño comparado con la sede virreinal en Lima. Libertad, igualdad, republicanismo, tolerancia, Estado-nación, constitución, soberanía popular, ciudadanía, etc. representaban a la modernidad tan deseada, pero también tan temida, porque acechaba la ciudad hermética de una clase que había heredado el poder, pero tenía que consolidarlo y, además, proyectarse para mantenerlo”.

-Se habla de una revolución conceptual durante el siglo XIX a partir de conceptos que tenían una tradición clásica, pero que fueron redefinidos en el nuevo escenario republicano.

“La revolución conceptual surge inicialmente de una reconceptualización del mismo concepto de revolución, en el sentido de que este pasa a ser interpretado como concepto político y a ser usado para nombrar los cambios que surgen con la caída de la monarquía en Hispanoamérica. Otros conceptos relevantes que fueron resemantizados son ciudadano, que dejó de ser entendido como vecino de una ciudad, para ser comprendido como miembro de un Estado constitucional. Liberal dejó de significar una persona generosa, para nombrar a un partidario de las libertades políticas y del gobierno representativo; nación antes designaba el acto de nacer o un grupo humano con origen o lengua común, para identificar a una colectividad de ciudadanos de un Estado, con una historia común, sujeto de la soberanía. Y así, otros conceptos, como Estado, historia, independencia, libertad, sociedad, sufrieron transformaciones semánticas desde mediados del siglo XVIII a mediados del siglo XIX”.

-¿En qué sentido cabe dentro de un estudio de la maduración del concepto de república en el Chile del s. XIX, los estudios sobre la mujer en dicho siglo?

“La mujer se convirtió en tema relevante a partir de la instauración de la república, pues desafiaba la conceptualización de la representación de los habitantes de la nación. De ahí que desde 1812, José Miguel Carrera planteara la educación de las mujeres como un requisito republicano. A medida que el debate en torno a los derechos o incluso el conflicto Iglesia-Estado fueron penetrando más profundamente en el discurso político chileno, era inevitable tomar en cuenta a estos sujetos de representación que eran las mujeres. Por otra parte, ellas mismas, tal vez impulsadas por el mundo masculino, se abrieron espacios de participación, inicialmente en defensa de la Iglesia Católica, y actuaron en la esfera pública. Por ejemplo, en 1865 fundaron un periódico, El Eco de las Señoras de Santiago, para escribir contra la posibilidad de derogación del artículo constitucional que consagraba la religión católica como la única que podía profesarse públicamente. Luego fundaron otros periódicos, para luchar por sus derechos a la educación. Especialmente hacia finales del siglo XIX y también relacionado con la llamada cuestión social, se planteó seriamente el problema de la inclusión republicana y la concesión de derechos civiles y políticos, lo cual exigía pensar y delinear el rol de las mujeres en ese espacio”.

El laberinto es una metáfora que me ha acompañado por años en la lectura de las fuentes de la historia del siglo XIX.

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