El canal de todos los partidos políticos

Patricio Navia, El Líbero

Los cambios tecnológicos amenazan la televisión abierta en todo el mundo. Los canales privados —con fines de lucro, para decirlo de alguna forma— han reaccionado a la nueva realidad a través de reducción de costos, integración con otros negocios y desarrollo de otras plataformas para llegar a los consumidores. TVN, en cambio, no ha podido hacer esa transición. Su directorio está más preocupado de proteger los intereses de los partidos políticos a los que representan sus miembros que de hacer viable el negocio.

Aunque a sus trabajadores y simpatizantes les gusta hablar de TVN como el canal de todos los chilenos, el desempeño de la estación televisiva desde el retorno de la democracia demuestra que es más bien de todos los partidos políticos que ejercen poder en el país. Porque su directorio se reparte en partes iguales entre representantes de partidos tradicionales y porque el objetivo público del canal no pasa de ser una declaración de buena intención, tendría todo el sentido del mundo considerar la posibilidad de privatizarlo. Además de terminar con nuevas necesidades de inyección de recursos futuros, venderlo evitará que la crisis terminal que aqueja a la televisión abierta termine por matar también a TVN.

La crisis actual de TVN se explica por dos cosas. Primero, por la forma en que se dio la transición a la democracia, TVN se convirtió en un botín de los partidos políticos. Segundo, porque los cambios tecnológicos están haciendo que cada vez menos gente utilice la televisión abierta para entretenerse y obtener información. Eso ha hecho caer el dinero que se puede cobrar por publicidad y ha obligado a los canales de televisión abierta en todo el mundo a achicarse para adaptarse a la nueva realidad.

La institucionalidad de TVN no está diseñada para hacer más competitivo al canal.

TVN no funciona como una empresa pública en tanto se tiene que autofinanciar.Aunque en general ha tenido que rascarse con sus propias uñas, ocasionalmente el gobierno ha inyectado recursos al canal, por lo que algunos lo ven de la misma forma que otras empresas públicas que van a pérdida. Pero a diferencia de otras empresas que compiten en el mercado televisivo, la institucionalidad de TVN no está diseñada para hacer más competitivo al canal. El directorio de TVN está compuesto por personas que deben demostrar lealtad partidista más que habilidad en el mundo de los negocios o capacidad para entender el negocio de la televisión. El presidente del directorio es nombrado por el Presidente de la República —por un periodo de cuatro años— y los otros seis miembros son nombrados por él con acuerdo del Senado, escalonadamente cada cuatro años, por periodos de 8 años. Una revisión de la lista de presidentes y miembros del directorio de TVN deja en evidencia que la lógica de nombramiento ha estado relacionada con la militancia política de sus miembros y la cercanía con el gobierno de turno, más que con la experiencia en la industria de la televisión o la administración de empresas. Lo mismo ocurre con la dirección ejecutiva del canal. La cercanía con el gobierno de turno ha sido una condición más importante para ocupar el cargo que la capacidad de llevar adelante un negocio cada vez más complejo que, en el mundo entero, enfrenta una competencia creciente ante la arremetida del streaming.

Los cambios tecnológicos amenazan la televisión abierta en todo el mundo. Los canales privados —con fines de lucro, para decirlo de alguna forma— han reaccionado a la nueva realidad a través de reducción de costos, integración con otros negocios y desarrollo de otras plataformas para llegar a los consumidores. TVN, en cambio, no ha podido hacer esa transición. Su directorio está más preocupado de proteger los intereses de los partidos políticos a los que representan sus miembros que de hacer viable el negocio. Además, siempre existe la creencia de que, en última instancia, el gobierno de turno entrará a salvar al canal dotándolo de recursos para sobrevivir.

La televisión abierta está muriendo en el mundo entero. Si bien es claro que la demanda por entretenimiento sigue siendo alta, la competencia entre distintas plataformas ha hecho que la ventaja que alguna vez tuvo la televisión abierta para llegar a los potenciales consumidores haya desaparecido. Igual como pasó con los diarios impresos, el desarrolló tecnológico igualó la cancha y los nuevos medios online que tenían mejores modelos de negocios han logrado crecer mientras que muchos de los diarios tradicionales impresos han muerto.

Vender TVN ahora permitiría al Estado recuperar algo del dinero que ha invertido en el canal a través de los años.

Aunque esta propuesta genere rechazo en muchos —por motivos ideológicos o simplemente por nostalgia— la verdad es que TVN —y la televisión abierta en general— nunca volverá a ser lo que era. Como ente estatal —con la pesada mochila que eso implica— TVN no podrá volver a ser competitiva frente al crecimiento y multiplicación de plataformas online. Por eso, vender TVN ahora permitiría al Estado recuperar algo del dinero que ha invertido en el canal a través de los años.Si el gobierno se resiste a vender TVN, su valor caerá, igual al de una casa pequeña que quedó atrapada entre dos edificios altos.

En cambio, vender a TVN le dará una oportunidad al canal de reinventarse, conseguir capital e intentar adaptarse a la nueva realidad competitiva de la industria del entretenimiento. Es verdad que no será el canal de todos los chilenos, pero en los últimos treinta años tampoco lo fue. Desde el retorno de la democracia, TVN fue el canal de todos los partidos políticos. Al venderlo, el gobierno al menos evitará que todos los chilenos tengan que pagar la deuda que ese canal inevitablemente acumulará en los años que se vienen.

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