Constituyente: Chile Vamos en estado de confusión

Claudio Fuentes, El Mostrador

¿Requiere el país una reforma profunda? ¿Debe ser el Congreso el único agente de este cambio? ¿Sobre la base de qué proyectos ideológicos debe plantearse este debate? De parte de la derecha, la respuesta a estas tres simples preguntas refleja un estado de confusión.

Primera confusión. A mediados de 2014, los principales representantes de Chile Vamos sostenían que no se requería cambiar la Constitución. El senador Hernán Larraín, por ejemplo, indicaba que lo que Chile necesitaba eran cambios imperativos en el ámbito de la educación, salud y previsión, agregando que “podemos cambiar el marco constitucional pero vamos a seguir igual, si es que no hay cambios nuestros, de nuestro compromiso con el servicio público, con el bien común, por sobre nuestros intereses partidistas” (10/10/2014). Hace pocos días, el mismo senador insistía en que “en lugar de estar preocupados del grave problema económico, el desempleo, el aumento de la delincuencia, la poca atención de salud pública, el gobierno está preocupado de realizar un proceso constituyente” (22/05/2016).

Sin embargo, hace muy pocas semanas la coalición de oposición realizó una propuesta sustantiva señalando que “creemos necesario hacer una propuesta de contenidos concreta para que ella sirva de punto de inicio al debate ciudadano y parlamentario sobre una profunda reforma constitucional”. Así, Chile Vamos se mueve entre una argumentación de rechazo hasta plantear propuestas de reformas “profundas”. Y, en efecto, algunas de las propuestas implican revisar aspectos muy sustantivos de las relaciones de poder en la sociedad, incluyendo nada más y nada menos que un cambio del régimen de gobierno, el reconocimiento de Chile como un Estado multicultural, o la noción de un Estado solidario (aunque subsidiario).

Entonces, se organiza todo un discurso de los beneficios que ha tenido el actual marco jurídico constitucional, y a continuación se invita a cambios profundos del texto. ¿Para qué, entonces, realizar cambios tan significativos si el marco constitucional nos ha dado tanta estabilidad, crecimiento y prosperidad? Sin duda este argumento es a todas luces contradictorio.

Segunda confusión. Chile Vamos ha defendido el marco constitucional actual para realizar transformaciones a la Constitución, esto es, que el Congreso discuta una propuesta de reformas a la Carta Magna. Señalan en la propuesta de reformas profundas a la Constitución que “la forma de modificar la Constitución es como se hace en las democracias representativas, esto es, a través de las instituciones vigentes y sobre la base de contenidos constitucionales”. Una vez que se apruebe en el Congreso, esta iniciativa debe ser sometida al conjunto de la ciudadanía en un plebiscito nacional.

Sin embargo, el mismo texto sugiere que la propuesta de reforma a tramitarse en el Congreso Nacional debiese estar “precedida y acompañada de una participación ciudadana amplia, objetiva y plural a lo largo del país”.

¿Cómo compatibilizar entonces la legitimidad que se le otorga al Congreso Nacional para discutir una Constitución y esta propuesta de que la ciudadanía –antes de la discusión del Congreso– participe de su discusión? ¿Cómo se materializa dicha participación? ¿Quiénes participarían de ese mecanismo? ¿Sería una consulta no vinculante a la ciudadanía? ¿Cómo se garantizaría la objetividad ciudadana? ¿Qué borrador de texto se discutiría? ¿Quién o quienes escribirían ese borrador? ¿Cómo se materializaría la participación ciudadana durante la tramitación legislativa tal como se propone?

La propuesta que se dispone a socializar Chile Vamos contiene una fuerte carga ideológica que se expresa en la definición de ciertos derechos, el énfasis en la iniciativa privada, la minimización del Estado, el reforzamiento de la propiedad privada, la atenuación del poder Ejecutivo, etc., etc. Lo que critica Chile Vamos de la Nueva Mayoría es lo que se dispone precisamente a realizar: socializar una ideología.

Aunque Chile Vamos defiende el rol del Congreso como un mecanismo único y exclusivo para discutir la Constitución, inmediatamente se abren a una propuesta de involucrar a la ciudadanía a través de mecanismos no especificados y que siembran las mismas dudas que la coalición de oposición hoy plantea sobre el proceso constituyente iniciado por el gobierno.

Al final del día, Chile Vamos sabe que en el contexto actual sería impensable “cocinar” una propuesta de espaldas de la ciudadanía y, como está internamente dividida respecto del valor de la participación, terminó sugiriendo una solución confusa y contradictoria con sus propios argumentos. Así, establecerán un mecanismo de discusión de las 80 propuestas con sus seguidores a fin de permitir espacios de participación en un tímido intento de darle legitimidad. Terminan usando un mecanismo no vinculante de diálogo social en el que ni siquiera ellos creen.

Tercera confusión. Sostienen y acusan al gobierno de intentar imponer una determinada ideología en el proceso constituyente.

Lo anterior resulta sin duda sorprendente por cuanto la propuesta metodológica del gobierno –nos guste o no– carece hasta el momento de un intento de ideologización. En la propuesta de Encuentros y Cabildos se sugiere que la ciudadanía pueda establecer o priorizar de una lista de principios, deberes, derechos e instituciones. Nada más. Aquellas listas fueron cuidadosamente definidas desde la Segpres para que no se prestaran a malinterpretaciones. Todavía más, pienso que las listas sugeridas son más “conservadoras” que “progresistas”. Así, el proceso constituyente en la fase de participación ciudadana no vinculante es un simple levantamiento de prioridades definidas por los participantes a partir de una lista de “supermercado” sugerida para contestar.

En cambio, la propuesta que se dispone a socializar Chile Vamos contiene una fuerte carga ideológica que se expresa en la definición de ciertos derechos, el énfasis en la iniciativa privada, la minimización del Estado, el reforzamiento de la propiedad privada, la atenuación del poder Ejecutivo, etc., etc. Lo que critica Chile Vamos de la Nueva Mayoría es lo que se dispone precisamente a realizar: socializar una ideología.

No resulta problemático este último asunto. De hecho, parece positivo y hasta saludable que la sociedad discuta y converse respecto de proyectos ideológicos. Lo problemático es que Chile Vamos acuse de ideologismo a un sector, cuando está embarcado en promover precisamente lo que dice que no hay que hacer.

¿Requiere el país una reforma profunda? ¿Debe ser el Congreso el único agente de este cambio? ¿Sobre la base de qué proyectos ideológicos debe plantearse este debate? De parte de la derecha, la respuesta a estas tres simples preguntas refleja un estado de confusión.

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