El Frente Amplio y la modernización

El Mercurio, Carlos Peña

Señor Director:

Uno de sus lectores infiere -o sugiere que podría inferirse- de una encuesta de opinión pública (la que la UDP realizaba hasta el año 2015) que la modernización capitalista no ha logrado permear la cultura. Como Jorge Arrate recuerda bien, esa encuesta acreditó una preferencia mayoritaria de la gente por la provisión estatal de bienes. El dato es, por supuesto, relevante; aunque habría que contrastarlo con otros posteriores, que muestran que solo un 38% prefiere el universalismo en las prestaciones y que la mayoría cree en la responsabilidad personal por el propio destino (Encuesta Bicentenario PUC 2017). Así como es erró- neo esgrimir la encuesta de la UDP para argüir que la modernización capitalista no ha permeado la cultura, también sería erróneo esgrimir los datos de la encuesta Bicentenario, sin más, para sostener que lo ha hecho.

Quizá lo racional es considerar también otros datos. Y recordar que la cultura no tiene que ver solo con las preferencias explí- citas de las personas a preguntas binarias de una encuesta, sino con la conducta que llevan a cabo en lo que se llama el mundo de la vida. La pasión por el consumo, la prosecución de bienes estatutarios, la alta individuación, el agobio por mantenerse a flote, que diversos estudios acreditan, también revelan, y a veces más que las opiniones explícitas, el estado de la cultura de un país. Si se miran esos otros aspectos -a los que habría que sumar el ideal meritocrático, que es capitalista como el que más-, me parece que sigue en pie la tesis de que la modernización ha penetrado la cultura y el modo de ser de las mayorías, en especial de los grupos medios que han accedido a bienes estatutarios (si bien estratificados por marcas y niveles de ingreso). Por supuesto, nada de eso significa que no haya desasosiego y malestar aguijoneado por el temor de verse expuesto al infortunio de la enfermedad o los tropiezos de la vejez, y que entonces se demande protección o que ese riesgo se comparta.

Mi opinión es que ese desasosiego o malestar es el aspecto clave de la elección que viene, como lo prueban los resultados de la primera vuelta. En los mismos grupos se prefirió con parejo entusiasmo a Ossandón y a Sánchez. Esa votación revela la capacidad relativa de esos candidatos para recoger, y brindar reconocimiento, a la estela de malestar que acompaña estos procesos. Ver en la votación del Frente Amplio la prueba de que la modernización ha carecido de consecuencias culturales me parece una inferencia errónea. Pienso que no es la adhesión o rechazo a la modernización de las tres últimas décadas la clave de la elección, sino la capacidad relativa de los candidatos para brindar reconocimiento al malestar que, inevitablemente, y por múltiples motivos que la literatura describe, acompaña estos procesos.

La derecha prefiere creer que ese malestar no existe; la izquierda más a la izquierda lo sobreestima, viendo en él un rechazo a las tres últimas décadas. Creo que si se miran los resultados con racionalidad (y no se confunde la valoración normativa de estos procesos con su descripción fáctica, como ocurrió en los noventa), debe arribarse a la conclusión de que la modernización capitalista (que en su hora Jorge Arrate impulsó con encomiable responsabilidad), al lado del bienestar que provee, tiene sus patologías y que afrontarlas es el desafío que está por delante.

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