Sobre la prisión femenina

Ana María Stuven, El Mercurio

Señor Director:

Coincido plenamente con el tenor del editorial publicado en su diario el 23 del presente (“Muertes en cárceles”). Lamento, no obstante, que no se mencione el caso particular de la prisión femenina, consideración de género que también está pendiente en la discusión sobre el problema carcelario.

Aún en mayor proporción que la población masculina, las mujeres están presas por delitos menores. No solo contra la propiedad, sino fundamentalmente por microtráfico de drogas, delito asociado muchas veces a su necesidad de permanecer en el hogar al cuidado de los hijos. Por lo mismo, tienden a reincidir levemente más que los hombres. Lo anterior justifica plenamente la recomendación que se hace en el artículo al que me refiero, de implementar penas alternativas, y agrego, especialmente para mujeres, de manera de evitar la repercusión social y familiar de la prisión femenina, en su mayoría madres.

La evidencia internacional demuestra el nulo efecto reparador que tiene la prisión, en particular en el caso de mujeres primerizas. Ellas pierden sus vínculos, se dificulta su inserción (cabe preguntarse si alguna vez han estado insertas como para hablar de “re-inserción”), se incentiva el contagio criminógeno en cárceles con escasa segregación por delito, y se arriesgan seriamente la protección y el bienestar de los hijos.

Para que el énfasis del gobierno en avanzar en reinserción y rehabilitación sea exitoso se hace necesario también considerar los aspectos sociales involucrados en la prisión femenina, revisar el sistema de aplicación y control de penas, diseñar mejores programas, abiertos a las organizaciones no gubernamentales privadas, para la capacitación y reinserción, y reflexionar con creatividad sobre el mejor destino de los recursos gastados en mantener una mujer presa y que suman alrededor de 700 mil pesos mensuales.

Ana María Stuven
Presidenta Corporación Abriendo Puertas
Académica Universidad Diego Portales

Leer en El Mercurio