Política y encuestas

Fernando García Naddaf, El Centro

Hace rato que el mercado inundó la política hasta la medula y sólo ahora muchos se muestran preocupados por las inversiones del PS en empresas cuestionadas, lo cual sin duda es reprochable. Pero nadie menciona que hace mucho rato el diablo del mercado metió la cola también en las elecciones, donde se ha elegido y se siguen eligiendo candidatos, priorizándolos mediante las encuestas.

Esto, en lugar de elegir o designar a los que tienen más mérito, trayectoria o capacidad. Esta pérdida, ya que hablamos en lenguaje económico, se hizo hace mucho tiempo, el 2005 cuando a la Concertación se le apareció Bachelet, quien se impuso a la matea del curso Soledad Alvear, pese a que esta era apoyada decididamente por el stablishment.

Para Eugenio Tironi, ella “terminó desplazada por una figura periférica, Michelle Bachelet, la cual disponía –quizás por lo mismo– de una irremontable popularidad”. También en la Concertación luego surgió MEO como verdugo de Frei y ahora, nada menos que un par de periodistas tienen de cabeza a la Nueva Mayoría y al Frente Amplio, ya que han puesto a sus pies a la izquierda de uno y otro lado.

Se puede decir que la política vendió su alma a las encuestas y por ende también a los rostros mediáticos. Como lo confiesa un político que sabe de esto, Pepe Auth, al caracterizar en pocas palabras al Frente Amplio con la irrupción de Beatriz Sénchez, “le puso un rostro atractivo a su candidatura”. Otro que se refirió al tema comentando la bajada de Lagos, fue Cristian Warnken, al expresar que, “no marcaba en esas encuestas que ellos transformaron en sus nuevos credos, pues se quedaron sin ideales ni ideas”. Posteriormente agregaba, dirigiéndose a Lagos, “usted es un estadista, una rareza en los tiempos de la política-espectáculo o de la política-negocio”. La novedad de la época que ha trastocado la política nacional.

Sin duda se hace necesario tener algún tipo de regulación de las encuestas.  Fernando García, cientista político de la UDP, confirma lo ya expresado, “las usan para presionar y “bajar” candidatos o “subir” otros” o dicho de otro modo, “nos sumergimos cada vez más en la política del aplausómetro, que no es otra cosa que la política de la demagogia en una era de la fragmentación posmoderna, donde la política verdadera, la de las ideas, parece solo un juego ingenuo de idealistas”.

Así, las encuestas más cuestionables metodológicamente, “se vuelven en perverso aliado de lo que no queremos como práctica”. “En otros países la misma industria se somete a estándares éticos, metodológicos y de difusión que promueven organismos reconocidos (Wapor, Aapor o Esomar) que sirven de referencia para periodistas y ciudadanos”.

Muchos países incluso limitan la publicación de encuestas por el impacto que estas provocan y como lo expresa Eduardo Engel, las encuestadoras debieran al menos transparentar sus tasas de respuesta, es decir la cantidad de personas que acepta o rechaza ser encuestada, factor que puede alterar un resultado.

Como lo expresa Isabel Allende, ex presidenta del PS, las encuestas endiosadas hacen que “hoy en día emerjan liderazgos que eran impensados hace un tiempo y que provienen del mundo de la no política. Vienen del mundo de las comunicaciones, otros mundos”. La pregunta atingente, sobre todo para partidos como el PS, es por qué miran a candidatos afuerinos renunciando a levantar a sus líderes. Qué está pasando con la política nacional que ya no se confía ni promueve los liderazgos propios.

Ver en El Centro