Más de 22 mil chilenos se han casado con migrantes en los últimos 10 años

Cristián Doña, La Tercera

Uniones cuentan además con una característica: son más las que se efectúan entre chilenos con extranjeras, que las de chilenas con extranjeros. En 2017, por ejemplo, los primeros representaron el 36,4% del total de enlaces, mientras que los de chilenos con extranjeras llegaron al 63,5%.

En menos de una década, Chile pasó de ser una sociedad que podría definirse como “homogénea” demográficamente, a una que incorpora la diversidad como algo cotidiano. Las cifras son claras. Si en la década de los 80, apenas el 0,7% de la población del país era extranjera (83.805 personas), según datos del Censo de 1982, para 2002 ese número creció a 1,2% (195.320). Y en la actualidad, gracias al Censo de 2017, sabemos que son cerca de 746.465 personas, lo que equivale al 4,35% de la población nacional.

Un aumento de extranjeros que muestra una creciente influencia cultural, tendencia que el comportamiento de los matrimonios revela notoriamente. Entre los años 2009 y 2018, se han realizado 22.375  uniones entre cónyuges chilenos/as y ciudadanos/as extranjeros/as, según revelan datos entregados a Qué Pasa por el Registro Civil e Identificación.

Enlaces que representan uno de los principales indicadores de un país que integra y asimila a la población migrante. Se los llama matrimonios mixtos, y en la última década aumentaron su participación dentro del total de enlaces nacionales. Las cifras del Registro Civil detallan ese fenómeno: si en 2008 representaban el 2,4% del total de matrimonios (1.406 de 57.404), para 2017 pasaron a ser el 4,5% (2.933 de 63.921).

Matrimonios mixtos que en Chile presentan además una característica: son más los que se efectúan entre chilenos con extranjeras, que los de chilenas con extranjeros. Todos los años, analizados de la última década, muestran similar comportamiento. En 2017, por ejemplo, de un total de 2.933 uniones de este tipo, el 36,4% fue de chilenas con cónyuge extranjero (1.070) , y 63,5% de chilenos con extranjeras (1.863).

Lo anterior se explica, dice el director del Centro Nacional de Estudios Migratorios de la U. de Talca (Cenem), Medardo Aguirre, si se observa el proceso migratorio latinoamericano según sexo, en el cual siempre han llegado más mujeres que hombres. Solo en el último tiempo las cifras se acercan, según Casen 2017 (51,4% mujeres versus 48,6% hombres).

Parece razonable, entonces, que si llegan más mujeres que hombres sea mayor el número de hombres chilenos que se casen con mujeres extranjeras. “En el futuro estas cifras tenderán a igualarse. En todo caso, es un interesante tema de investigación el poder conocer la disposición que hombres y mujeres tengan a casarse con extranjeros”, sostiene Aguirre.

Al mismo tiempo la proporción de hombres chilenos es más baja que la de mujeres chilenas, destaca Cristián Doña, sociólogo del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales, de la U. Diego Portales e investigador del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social, Coes. En efecto, el Censo 2017, señaló hay 370.025 mujeres más que hombres. “Por lo cual no hay una relación “estadística” o ni siquiera probabilística en el hecho que sea mayor el número de hombres chilenos que se case con mujeres extranjeras. En Chile tampoco existe la necesidad de casarse para obtener una visa. En conclusión, no hay suficiente información para explicar esta diferencia”.

Integración cultural

Se trata de una realidad esperable en países que llegan a cifras como las de Chile, cercanas al 5% de migración, detalla Roberto González, investigador del Coes – Universidad Católica. En el proceso de integración y aumento de extranjeros, naturalmente se establecen relaciones de parejas. Algo que se da en la mayoría de los grupos. Solo quizás con menos frecuencia en comunidades como las asiáticas, indica González, que valoran mucho la mantención de parejas de la misma orientación cultural.

“Esto habla del proceso natural de una integración más cultural, la que supone traspasar barreras que no siempre son fáciles y que están enmarcadas por aspectos culturales, por ejemplo, que en el caso de un haitiano de raza negra con una chilena, va a encontrar barreras no menores”, explica González.

Es un síntoma que da cuenta la incorporación de los extranjeros en la estructura social chilena, indica Daisy Margarit, académica del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago. Proceso positivo, añade, “porque en la medida en que existan matrimonios aumentan los contactos sociales y culturales, lo que favorece derribar mitos y discriminación, es un elemento dinamizador en la integración”.

“Históricamente se ha considerado que el aceptar a un migrante como miembro de la familia es el punto más alto de cercanía y de inclusión al que se puede llegar”, destaca Doña.

Sin embargo, esta “entrada” de nuevos candidatos/as al mercado matrimonial chileno, es aún menor (en 2017 fueron el 4,5% de las uniones). Habría que observar también, dice Margarit, otro tipo de uniones como la convivencia, como pololos o convivientes, “que deben ser mucho más que lo que reflejan las cifras”.

Una tendencia que va de la mano, muestran diversos estudios, con que en general los chilenos tienen más bien una actitud positiva hacia la inmigración, destaca a su vez Aguirre: Hay actitudes discriminatorias, pero son de grupos, no es la mayoría de los chilenos“.

Formar familia

Son en su mayoría los inmigrantes latinoamericanos y caribeños residentes en el país quienes más utilizan la estrategia de integración, constata un estudio realizado por el Cenem de la U. de Talca. Y aunque mantienen sus costumbres, Aguirre dice que tratan de hacer propia también la cultura de nuestro país, lo que justamente les ayuda a integrarse adecuadamente en la vida de su barrio y en el trabajo.

Con todos esos antecedentes, dice Aguirre, es natural que se generen relaciones de pareja entre inmigrantes y chilenos. “Quizás esta situación no es totalmente generalizable a ciertos grupos como los haitianos, que manifiestan otras estrategias de aculturación, dado que por su idioma se les hace más difícil el proceso de integración. Coincidiendo también con el hecho que son el grupo que se siente más discriminado por los chilenos”.

Estos matrimonios hablan además, señala Margarit, de un establecimiento, de proyectar una vida en Chile. “Lo interesante es esta nueva configuración de familia, con niños nacidos en Chile, pero que viven en ambientes de interculturalidad, y que al ser hijos de primera generación mantienen elementos interculturales de las dos culturas a la que pertenecen”.

Los matrimonios mixtos influyen positivamente en la aceptación a nivel micro de los migrantes en general, señala Doña. Es decir, en el grupo de referencia de la pareja chilena. “También, en general, si estos matrimonios tienen hijos, estos tienen -en general- una mayor propensión a ser más abiertos culturalmente”.

Se abre así un nuevo enfoque social. Pensar Chile a través de esa integración cultural por la vía del matrimonio y la conformación de la familia, agrega González, va a sumar nuevas capas a la construcción de una sociedad multicultural. Algo que en los países que ya tienen larga data migratoria ya conocen y aprecian a través de cómo se transforma la sociedad con nuevas costumbres.

Un cambio que González destaca como positivo. Se empiezan a adquirir tradiciones y formas de vida, que entregan otros elementos culturales. Lo que gradualmente va transformando la cultura. “Esta ilusión que tenemos del Chile de una determinada manera, en realidad se va transformado todo el tiempo. Y cuando se tienen familias interculturales o interraciales, se crea un nuevo mundo y oportunidades para que la gente se contacte e interactúe con otros, vea cómo son los grupos heterogéneos y ahí aparecen cosas muy positivas”.

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