Las otras batallas chilenas en las que la cantimplora se usó como petaca

Gabriel Cid, La Segunda

La inédita carta del libertador José de San Martín recomendando a sus jefes de división que la tropa recibiera “una ración de aguardiente” antes de la batalla de Maipú – que exhibe ahora el Museo Histórico Militar para conmemorar el bicentenario – es solo uno de los episodios históricos en los que el trago fue compañero de la soldadesca chilena. En tierra y mar. Porque está lo que Vicente Zegers Recansens escribió a su padre tras el combate naval de Iquique a bordo de la Esmeralda. “Vamos a la cámara a buscar la última copa”, fue la frase con que, 61 años después de la gesta de Maipú, lo convidaron antes de la embestida del Huáscar, según relató el propio sobreviviente y luego contraalmirante.

De acuerdo al profesor de la U. Diego Portales Gabriel Cid, existía una dicotomía respecto del alcohol en las campañas de guerra de los chilenos. Ejemplifica con los registros de la del Pacífico. “En los documentos oficiales, el reclamo es prevenir que el soldado ingiera alcohol porque produce un problema disciplinario, pero testimonios de los soldados dicen que era una recompensa para inducir el valor y celebrar. El pisco termina siendo una verdadera obsesión. Comida y licor son como un pack”, cuenta. Y advierte que “el suministro alimenticio no estaba asegurado por la distancia y los problemas de comunicación”.

Leer nota en La Segunda