La ruta de la moda falsificada en Chile

El Mercurio, Tomás Ariztía

Santiago. Viernes. Cinco de la tarde. El barrio Meiggs es un hervidero de gente. Este sector, conocido por su comercio de ofertas y artículos a precios muy bajos, en los últimos años también se ha convertido en un foco de falsificaciones de artículos de moda. Según aseguran, tanto Carabineros como la Brigada de Propiedad Intelectual de PDI, es el sector de la capital donde se pueden encontrar desde carteras con firmas de diseñador hasta el último modelo de la zapatilla deportiva recién lanzada en las tiendas exclusivas.

-¡De marca! ¡De marca! -grita un hombre que instaló, entre los puestos de toldos viejos y amarillentos, su local improvisado: una caja de cartón donde despliega varios modelos de anteojos. Asegura que son Ray Ban. Los promociona como si fueran originales. Una mujer de cartera grande y zapatillas deportivas se detiene frente al vendedor y compra por cinco mil pesos uno de los modelos. El hombre dice que son los que están de moda.

Efectivamente son una copia del modelo “The Ja-jo”, con lentes completamente circulares, tipo John Lennon, que en las tiendas cuestan cerca de 100 mil pesos.

-¡Las billeteras! ¡Cinturones! ¡De marca! -grita otro vendedor unos metros más allá. En su puesto, otra caja de cartón invertida sobre el cemento y rodeado de las tiendas decoradas con cotillón de Halloween, vende productos que llevan el logo Louis Vuitton. Sus ofertas: “A cinco mil pesos las billeteras de mujer, a tres las de hombre”.
Estos productos de marca exclusiva no solo se ofrecen en los puestos callejeros, también están en los locales establecidos. Ahí un buzo Adidas completo cuesta 18 mil pesos y un cortaviento Columbia, 13 mil. Sin embargo, unas zapatillas Nike cuestan 50 mil. Este precio haría pensar que son verdaderas.

Pero es una técnica del lugar. El suboficial Patricio Rubilar, de la Dirección de Investigación Criminal de Carabineros, lo explica:

-Los falsificadores mezclan en sus locales prendas auténticas con imitaciones, y así la gente piensa que son originales, pero no lo son -dice sentado en una oficina desde donde se ve la ropa y las zapatillas que han incautado.

Un truco que funciona hasta llegar a calle Bascuñán Guerrero, donde el pudor o el disimulo por la falsificación se acaba. Decenas de puestos improvisados con cajas de cartón ofrecen cientos de camisetas, de todos los colores, con estampados que replican los logos de Levis, Adidas, Nike, Lacoste y otros. Una mujer hace una oferta tentadora: “2 por 5 mil”. La gente se amontona y desordena las torres de poleras. Todos compran. Y mucho.

Logos y etiquetas

Este mercado de comercio ilegal es controlado por Carabineros, la PDI y el Servicio Nacional de Aduanas. Cada institución con sus protocolos y con sus propias cifras, pero hay un punto en lo que todos coinciden: en los últimos años la falsificación de vestimenta ha aumentado.

En abril de este año la PDI detuvo a una mujer de 22 años en Rengo que vendía ropa falsificada a través de Facebook. En septiembre, Carabineros incautó decenas de chaquetas outdoor que falsificaban modelos de North Face y de la marca nacional Lippi, a una mujer peruana que distribuía en el barrio Meiggs. A comienzos de octubre el Servicio Nacional de Aduanas incautó en el puerto de Iquique un contenedor completo proveniente de China con cerca de ocho mil zapatillas que imitaban modelos originales de Nike, Adidas y New Balance. La lista de incautaciones es casi interminable.

-Este año las prendas incautadas han subido un 65,74% en comparación al año pasado -dice Carlos Escudero, jefe del Departamento de Fiscalización en la Línea, de la Subdirección de Fiscalización de Aduanas.
Explica también que en Aduana solo pueden inspeccionar entre un tres y seis por ciento del total de las mercancías que pasan por las fronteras. A pesar de lo poco que se pueden revisar, en 2016 incautaron cerca de 600 mil prendas, y en lo que va de 2017, más de un millón 800 mil.

Para detectar los posibles paquetes que puedan traer ropa falsificada toman precauciones y seleccionan a partir de distintos criterios, como por ejemplo el lugar de origen. Si vienen de China o Perú, tienen mayores posibilidades de traer productos imitados. Pero Escudero explica que ya han detectado cómo los contrabandistas intentan esquivar los controles.

-Traen un contenedor en barco con 100 polerones sin marca, y después vía área te mandan las etiquetas o los logos. Uno muchas veces tiene la certeza de que van a ser utilizadas para falsificación, pero no hay ningún delito, y no podemos hacer nada. También, por ejemplo, envían un contenedor con mercancía correcta y al fondo, la falsificada, o un fardo de ropa que trae 3 mil prendas, las de afuera están bien, pero adentro hay 800 imitaciones -dice Carlos Escudero.

Una vez que las prendas cruzan las fronteras y entran a Chile son llevadas a talleres clandestinos.

-Ahí les estampan los logos y pegan las etiquetas que encargan a Perú o Asia -explica el capitán Raúl Fuenzalida, de la Dirección de Investigación Criminal de Carabineros y agrega:

-Hace unos meses se incautaron miles de chaquetas Lippi, North Face y Columbia cerca del barrio Franklin, y además se entró a las bodegas donde tenían las máquinas para estampar y hacer las falsificaciones. En ese caso las marcas tomaron acciones legales y ahora están en juicio, pero si las marcas no se manifiestan no se puede hacer mucho. La legislación es muy poco robusta, al final las personas quedan con una infracción monetaria. Por eso, si a un falsificador le quitan toda la mercancía, después vuelve a dedicarse a lo mismo -dice el capitán Fuenzalida sentado en las oficinas de la Tercera Comisaría, en Santiago Centro.

Ha habido casos también en los que marcas de lujo internacionales han tomado acciones legales contra falsificadores chilenos. Así ocurrió con la marca del diseñador estadounidense Michael Kors, quien comenzó en 2012 un proceso legal contra una tienda en Patronato que vendía imitaciones de sus productos. Finalmente, el año pasado la marca ganó el juicio y recibió una indemnización. Sin embargo, en internet y en otros sectores como Patronato, el comercio ilegal sigue vendiendo imitaciones de Michael Kors. El negocio no para. A pesar de que las falsificaciones que se hacen en Chile, explica el suboficial Patricio Rubilar, “son bastante burdas”.

-Al tomar una zapatilla de fútbol Nike, por ejemplo, raspando con el dedo es fácil sacar el logo que se estampó. También hemos detectado que las imitaciones de las parcas de pluma en realidad están rellenas con un polímero llamado napa. La falsedad se nota en las costuras, en las terminaciones, en el pegamento mal puesto en la suelas o en las hilachas -comenta mientras contrasta lo que dice con una zapatilla original.

En la PDI ya tienen un mapa identificado con los focos donde se vende más ropa falsificada. La comisario Karen Méndez de la Brigada de Propiedad Intelectual, explica que entre ellos está Patronato, el Mall Chino, las galerías de la calle San Antonio y también las ferias libres, en San Bernardo o Recoleta.

-Ahí, además de encontrar ropa falsificada, hemos encontrado maquillaje falso, con envases modificados, y sin sellar. Hemos incautado máscaras de pestañas que después descubrimos que era pegamento con tinta negra, o sombras que estaban hechas de sal -dice la comisario Karen Méndez.

Pero entre todos estos sectores, donde el comercio falsificado se da con más fuerza es en barrio Meiggs, donde han llegado nuevos comerciantes.

-Los inmigrantes haitianos, mientras sacan sus papeles se dedican al comercio ambulante, ya que no pueden ser contratados en otros lados. Ellos les compran a los distribuidores, ahí mismo en el barrio Meiggs, es como un círculo vicioso, y se ponen afuera del negocio donde lo compran o dos cuadras más allá -agrega la comisario Méndez. Y efectivamente en las veredas que rodean este barrio es común ver a personas extranjeras ofreciendo sobre grandes paños de género zapatillas Nike a 10 mil pesos.

Ese viernes por la tarde, en el barrio Meiggs, al intentar hablar con ellos, esquivan la mirada. Al preguntarles dónde las consiguieron, es como si no escucharan, solo responden:

-¿Qué talla quiere? ¿Qué talla quiere?

Aparentar para pertenecer

Cartera café con el logo Louis Vuitton, 55 mil pesos. Collar y aros dorados con el osito de Tous, 26 mil. Reloj dorado con las iniciales MK de Michael Kors, 22 mil quinientos. Son las publicaciones con imágenes y precios de una cuenta de Facebook que tiene casi mil seguidores. La vendedora es una mujer chilena, joven, que presenta su página como una boutique donde se hace tintura para pestañas, pero las imágenes comprueban algo diferente. La dueña de la cuenta pone entre sus datos una dirección en Las Condes, y explica a sus clientas que la mayoría de las ventas son con despacho a domicilio, y reconoce también en algunos casos abiertamente que los productos son réplicas.

Es un perfil de compra y venta de ropa y accesorios falsificados que ha aumentado en los últimos años, explica el capitán Raúl Fuenzalida de Carabineros.

-Ha ido creciendo un mercado que es más caro, que tiene imitaciones más sofisticadas y que las traen falsificadas directamente desde Asia. Es para un público más seleccionado donde tú ya conoces a la gente, es más seguro, y son personas que venden en la casa o un lugar establecido, no a la vista de todos. En Chile debe haber un 80 por ciento de falsificación burda y un 20 por ciento sofisticada.

El mercado de las falsificaciones se mantiene, sobrevive y aumenta porque detrás hay un público interesado en comprar ¿quiénes son? y ¿por qué compran? Jacqueline Dussaillant, doctora en Historia, académica la Universidad Finis Terrae y autora del libro “Las reinas de Estado. Consumo, grandes tiendas y mujeres en la modernización del comercio de Santiago”, explica que ese mercado busca apropiarse de lo que representa, de lo que significa una marca, no es solo por la prenda en sí misma.

-Lo que hay detrás de esa actitud es lo que se llama juego de las apariencias, es aparentar ser o asociarte a algo que en propiedad no eres, y es bastante antiguo. Hay una típica historia de la elite chilena que en los meses de verano se iban al campo, pero había gente que no tenía esa posibilidad, y se encerraban en sus casas de Santiago para que creyeran que estaban en el campo. O por ejemplo, antes cuando las elites viajaban a Europa y volvían a Chile se ponían los vestidos con los dobleces, como si hubiesen estado mucho tiempo en el baúl, para decir que los venían sacando de la maleta -dice Jacqueline Dussaillant y agrega:

-Si antes los modelos los daba la corte en Europa, ahora lo dan las páginas de vida social, y sobre todo la publicidad, explica la historiadora. Es el modelo al que muchas personas quieren aspirar, y para eso usan este juego de las apariencias, y uno de esos elementos para entrar a este juego tiene que ver con la falsificación de la ropa. Es una manera de hacer una diferenciación social, es decir “yo puedo usar esto, por lo tanto soy y pertenezco a cierto mundo, y tú no”.

En ese sentido, el consumo de ropa no tiene solo que ver con la vestimenta, sino también con consumir símbolos, representaciones, significados, coincide el sociólogo de la Universidad Católica Tomás Ariztía, quien actualmente es académico de la Universidad Diego Portales y ha publicado varios estudios sobre consumo.

-Las marcas muchas veces permiten “comprar marca”. Aunque sean falsificadas, pueden haber ciertas formas de consumo de ropa que tienen más que ver con el estatus, con mostrar, como pasa con las marcas de lujo, pero también hay ciertas formas que tienen que ver con pertenencia a ciertos grupos, ciertas tribus de consumo, por ejemplo de hiphoperos o de todo este look deportivo -dice Tomás Ariztía.

Décadas atrás, explica el sociólogo, la gente buscaba referentes en otras prácticas que no necesariamente estaban mediadas por el consumo, como los clubes deportivos, o los barrios. A partir de los noventa se empezó a instalar este nuevo sistema que hoy ya es universal.

-Uno podría decir que Chile es una sociedad de consumo, eso es lo que la caracteriza, y el mercado de la falsificación viene a formar parte de este juego en que estamos todos metidos. Y las marcas con el branding se instalan como referentes culturales para que las personas las utilicen para comunicar pertenencia, y eso se ha transformado en algo súper central -añade Ariztía.

La periodista norteamericana Dana Thomas, especializada en moda y cultura, explica en su libro “Deluxe. Cuando el lujo perdió su esplendor”, que las marcas de lujo y sus grandes campañas de publicidad hicieron de sus marcas, más que de los productos en sí mismos, objetos de deseo público. En el libro lo explica: “Al mismo tiempo crearon una demanda que no podían satisfacer, y un producto que el consumidor medio ansiaba, pero que no siempre se podía permitir. (. . . ) Los falsificadores hicieron su aparición para ofrecer inagotables copias al 5 o al 10 por ciento del auténtico precio de venta al público. Un nuevo público hambriento de lujo empezó a comprar incansablemente”.

Desde la aparición de las falsificaciones existe también el afán por hacer una distinción entre el original y la réplica, explica Óscar Ríos, académico de la Escuela de Diseño de la Universidad Diego Portales.

-Es la historia eterna de la pretensión y simular algo que no se es. Eso va con el hombre, de alguna de manera tú en tu discurso quieres parecer reconocido y perteneciente a una tribu, la tribu de los que usan tal cosa. Pero, por otro lado, también está la persona que tiene recursos para comprar el original y hace alarde de eso, o hacemos alarde de eso.

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