La dupla Lagos-Burgos

Mauricio Morales, La Tercera

Los dichos del ex ministro Jorge Burgos fueron interpretados como un acto reflejo frente a las declaraciones de Ricardo Lagos. Sostuvo que el país estaba descarrilado y que la Nueva Mayoría finalizaba con este gobierno. En el afán por retratar a un Chile al borde del colapso, ambos personeros han sacrificado públicamente al gobierno de Bachelet. La única forma de justificar el regreso de Lagos al poder es creando un escenario de extrema incertidumbre y, al mismo tiempo, distanciándose al máximo de la Presidenta, aunque eso implique barrer con su obra. Lagos y Burgos tienen claro que el 19% de aprobación presidencial inviabiliza un proyecto de continuidad de la Nueva Mayoría. Por tanto, necesitan sacarse de encima a Bachelet y, además, excluir al PC, partido que ya se opuso a la candidatura de Lagos y que no tuvo buenas relaciones con Burgos cuando fue ministro del Interior.

El problema del argumento Lagos-Burgos es que no tiene ningún sustento empírico. Al igual que el grupo de intelectuales que mal asesoró a la Presidenta Bachelet al sugerirle una retroexcavadora en el contexto de un Chile supuestamente incendiado, la dupla Lagos-Burgos comete el mismo error. En ambos casos se reproduce el síndrome del pirómano, una especie de disfrute cuando se gatilla una crisis que, en el corto plazo, abre oportunidades políticas para quienes incentivan el incendio. Chile no necesita retroexcavadoras ni bomberos. Es cierto que el país está desacelerado económicamente y que los partidos no generan la misma adhesión que en los ’90. Pero de ahí a sostener que está en riesgo la democracia o dudar de que Bachelet concluya su mandato es, por decir lo menos, una imprecisión.

En el plano político las declaraciones de Burgos implican un sinceramiento programático del PDC frente a su alianza con el PC. Pero al mismo tiempo, equivale a la claudicación del PDC para competir con un candidato en las elecciones presidenciales de 2017. En lugar de fortalecer a las figuras de su partido, Burgos optó por darles la extremaunción. El mismo Burgos tiene mejores evaluaciones que Lagos según el ranking político de Cadem de julio de 2016. De hecho, Lagos es superado por otros dos líderes DC. Por tanto, resulta incomprensible su apoyo tan incondicional a Lagos teniendo en casa a figuras que perfectamente podrían asumir el desafío presidencial. Incluso, Burgos se puede encontrar con una sorpresa en caso de que Carolina Goic comience a figurar en las encuestas.

Por último, Burgos también mete en problemas al PS. Dado que su aspiración es replicar la antigua Concertación -es decir, sin el PC-, automáticamente obliga al PS a inclinarse por idéntico derrotero. Si para el PDC es difícil tomar la decisión de acabar con la Nueva Mayoría, más complicado será para el PS abandonar un proyecto de izquierda. Así, la dupla Lagos-Burgos no sólo promueve el quiebre de la coalición, sino que también una lucha fratricida dentro de sus respectivos partidos. Puede que la estrategia funcione y se construya una nueva alianza sin el PC, pero la cantidad de heridos que dejará este proceso hará casi inviable el triunfo de Lagos en 2017.

Ver columna aquí