Independencia y la derrota del catalanismo

El Mercurio Medios Regionales, Modesto Gayo

Las lecturas del catalanismo, desde sus versiones raciales de comienzos del siglo XX pasando por la opresión cultural franquista hasta el agravio económico de la actual etapa, han servido a una élite articulada en torno a la industrialización de Barcelona para disputar cuotas de poder político que consideraban que les correspondían por su poderío económico. Pero a su gran burguesía se le atraganta la palabra “independencia” por ser muy dependientes del mercado interior. Cataluña creció con el imperio español, liberalismo, franquismos y democracias.

La España del siglo XX se organizó en torno a una polaridad Madrid-Barcelona de conveniencia para ambas. Mientras se desangraban en una lucha mutua ambas ganaban, dejando en la sombra otras urbes y regiones. Esto se proyectó en la rivalidad Generalitat/La Moncloa, la brisa del mediterráneo frente al secano castellano, los Reyes Católicos frente al Condado de Barcelona, el Barcelona F.C frente al Real Madrid, el tamaño del Camp Nou frente a la majestuosidad del Santiago Bernabéu, Europa frente a África, democracia versus militarismo.

Los políticos de la transición imaginaron que borrar el franquismo simbólicamente era factible subiéndose a una especie de Delorean constitucional y poner en pie un gobierno catalán basado en un armado institucional donde contarían con una protección total de su autonomía. Esta era una medida a medias, aprobada por el catalanismo, dentro de una estrategia escapista y derrotista. Era escapista porque su futuro lo veían en un espacio político europeo al margen de España. Era derrotista porque confirmaban que el juego de la polaridad Madrid-Barcelona les había quedado grande.

El catalanismo se enraíza en una lectura diferenciadora del ser catalán: más europeo, comunitario, solidario, moderno y siempre más que el castellano, andaluz…Pero el coste de la separación sería profundamente cultural, en aquello que los catalanistas dicen defender. No hay país en el que haya habido tanta recepción de escritores, artistas, periodistas de origen catalán como el conjunto de España. No hay muchos casos en los que una lengua se haya recuperado tanto como la catalana. España ha sido un espacio natural de expansión de la cultura catalana. La independencia llevaría a una derrota del catalanismo y muchos esperamos que los catalanes sigan disputando un espacio definitorio de la españolidad.

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