Encuesta Bicentenario refleja un Chile que se inclina hacia las libertades individuales

Florencia Herrera, El Mercurio

Según la medición, la indisolubilidad del matrimonio sigue disminuyendo en apoyo y perdió fuerza la idea de que las parejas deben casarse al tener un hijo. El aborto libre y la eutanasia bajo ciertas condiciones suman preferencias, principalmente entre los jóvenes.

Entregar una radiografía de la sociedad chilena es el objetivo de la Encuesta Nacional Bicentenario, un sondeo que realizan la Universidad Católica y GfK Adimark desde 2006 y que aborda la opinión de los chilenos sobre distintas áreas.

En los temas relacionados con la familia, los resultados de este año revelan, entre otras cosas, que la idea de la indisolubilidad del matrimonio continúa bajando en apoyo.

Si el año pasado 48% de las personas pensaba que se trataba de “un compromiso para toda la vida”, hoy concuerda con eso el 42%. Esta convicción ha ido cayendo paulatinamente desde 2011, cuando alcanzaba un 66% de aprobación entre los encuestados.

“Vemos que el matrimonio pierde su carácter distintivo de indisolubilidad y pasa a ser entendido como una forma más de convivencia”, dice Eduardo Valenzuela, decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UC.

“Lo que sucede es que la convivencia antes era tolerada solo como una antesala al matrimonio y ahora eso cambió, y es aprobada como un estado permanente, incluso cuando hay hijos de por medio”, añade.

De hecho, la encuesta arrojó que la idea de que las parejas que conviven deben casarse cuando deciden tener hijos tuvo una diferencia significativa a la baja respecto de 2017 y es aprobada por menos de un tercio del país.

Las cifras responden, principalmente, a cambios relacionados con la modernización, según los especialistas.

“El matrimonio va perdiendo legitimidad como manera de regular las relaciones de pareja”, dice Florencia Herrera, académica del área de Sociología de la Universidad Diego Portales.

“Es un proceso normal asociado a la modernidad. En la mayoría de los países desarrollados o en vías de desarrollo la gente se casa menos”, añade la socióloga.

Valenzuela concuerda: “Las actitudes en relación con la familia están evolucionando más o menos acorde con lo que llamamos modernización cultural, que es básicamente una mayor individualización, una mayor fragilidad de las relaciones sociales y una tolerancia a las apetencias de los individuos y sus decisiones”.

Esta mirada sobre el matrimonio también “es un reflejo de la creciente frecuencia con la que se divorcia la gente”, asegura Valenzuela. “La expectativa de los jóvenes es que el matrimonio no está destinado a durar, y eso tiene que ver con la frecuencia con la que estos fracasan”, opina.

Un aspecto que no muestra variaciones importantes desde 2013 es la preferencia a favor de la igualdad de derechos de las parejas homosexuales: alrededor del 50% aprueba su matrimonio y el 30%, que adopten niños.

“Esto tiene que ver con un porcentaje de la población que se resiste fuertemente por un tema religioso”, opina Herrera.

“Se ve en cómo un 36% de los católicos aprueban la adopción, y en los ateos esto aumenta a 49%”, señala.

Aborto y eutanasia

La medición también revela que el derecho al aborto bajo cualquier circunstancia suma preferencias, principalmente en los jóvenes.

Si bien está lejos de ser mayoritaria, esta postura aumentó 10 puntos porcentuales entre 2014 y 2018, y es aprobada por el 35% de quienes tienen entre 18 y 24 años. Por otro lado, su rechazo bajo cualquier condición cayó cinco puntos porcentuales durante el mismo período.

“La oposición tan cerrada que hubo una vez ya no está, pero a pesar de eso este es un país antiabortivo”, opina Valenzuela. “Aquí no se ha legitimado el aborto como en otros países”.

Una tendencia similar se ve en el tema de la eutanasia, la cual es considerada como un acto justificable bajo algunas condiciones por el 69% de los chilenos, casi 20% más que en 2012.

“En ambos casos se observa cómo va diluyéndose el respeto incondicional por la vida (…) Hay ciertas circunstancias que inducen a aprobar la suspensión del derecho a la vida, ya sea en el momento de nacer o de morir”, añade Valenzuela.

Para Herrera, los saltos en las cifras “dan cuenta de que hay más respeto por las libertades individuales”. “Ha calado algo la idea de que el colectivo puede regular menos estos temas. Probablemente, todas las ideologías de libertad individual que tenemos en lo económico se han ido traspasando a los temas familiares”, puntualiza.

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