Derechos humanos con y sin adjetivos

Ana María Stuven, El Mostrador

La manifestación que se reunió en torno al Museo de la Memoria, que reunió a más de 15 mil personas en un país donde hoy difícilmente alguna causa congresa esa multitud, despierta diversas preguntas. Más aún, si consideramos que muchos sostienen que las masas se movilizan casi exclusivamente por el consumo, convencidos como tienen a muchos que solo interesa poder comprar cada vez más cosas.

Esta vez se trataba de mostrar adhesión a un lugar de memoria, nada menos que un Museo de la Memoria, donde se recogen los dolores y pérdidas de muchos cuyos derechos humanos no fueron respetados sino violentados. Una manifestación con densidad moral que hacía propia, sin violencia ni revanchas, el derecho no solo de las víctimas sino de todos los ciudadanos de mantener el recuerdo de situaciones que no debieran volver a repetirse en el país. Eso justificaba la presencia de Zurita y tantos otros, pero no solo de ellos.

Ese encuentro sigue siendo actual porque pone sobre la mesa un concepto que está en el Museo de la Memoria, pero también tiene contenido de futuro. Porque, como muestran las imágenes del encuentro, las banderas no eran solo de los detenidos desaparecidos, de grupos de izquierda heridos por la dictadura o los dichos de un ministro de fin de semana, sino que enarbolaban en un sentido amplio, el clamor por derechos. Derechos de las minorías, de los inmigrantes, de las mujeres, de las distintas identidades de género, de los niños vulnerados, de las personas privadas de libertad; derecho al trabajo digno, a la salud, a la justicia. Así, los participanes abarcaban no sólo a aquellos que vivieron la dictadura, sino también y mayoritariamente a jóvenes.

Lo que congregaba y unía en un acto efervescente de alegría y unión era la creencia y la defensa del concepto de derechos. Con y sin adjetivos. Tal vez eso es algo muy notable que nota un cambio, que ese sí la historia tendrá que recoger algún día. Tenemos mucha consciencia que la declaración de los derechos de las personas se remonta a la Revolución Francesa cuando la Asamblea Nacional Constituyente aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789 (no de las mujeres. Por cierto, Olympia de Gouges luego de redactar la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana fue guillotinada) y que las Naciones Unidas aprobó y proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. Afortunadamente crece también la consciencia que los derechos, en general, están mejor protegidos en democracia que en dictadura.

Que las personas puedan salir del espacio de los derechos que les afectan más directamente o que aparecen consagrados más públicamente parece un hecho bastante inédito, significativo y digno de tomar en cuenta a la hora de auscultar el sentir ciudadano y las demandas que se exigen a la autoridad pública. Permite con toda propiedad ampliar el concepto de derechos también hacia el futuro. Como un concepto de encuentro entre los dramas del pasado, los desafíos del presente pero también representa la responsabilidad que tiene el presente con el resguardo de los derechos de las generaciones siguientes. Concebir como derechos humanos el cuidado de los hombres, mujeres y niños por nacer, pero también del cuidado del planeta que afectará directamente a todos. En ese sentido Laudato Si de Francisco, el drama de los intoxicados de Quintero también son tema de derechos humanos.

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