Crisis en Chiloé revela el poderío de las regiones en año electoral

Mauricio Morales, Pulso

Las movilizaciones en el sur ya cumplen dos semanas y recién hace dos días se logró que siete comunas se bajaran del movimiento. Tras regresar de Europa, la Presidenta designó un ministro coordinador para hacer frente a una dura amenaza en año electoral y que tiene similitudes con lo ocurrido en Aysén el 2012.

Hoy se cumplen dos semanas desde el inicio de las movilizaciones en Chiloé producto de la marea roja. En pleno debate sobre la necesidad de enviar un delegado presidencial para resolver el conflicto, la mandataria regresó de una gira por Europa y su primera decisión fue designar a Luis Felipe Céspedes como ministro coordinador, medida que tuvo rápidos efectos, ya que siete comunas, según el ministerio de Economía, se bajaron del movimiento tras llegar a un acuerdo. Desde hoy comenzará el abastecimiento de alimentos y combustible en esas zonas.

El viernes así lo solicitó la bancada de diputados de la Democracia Cristiana, mientras parlamentarios oficialistas de la zona apuntan al rol que ha tenido La Moneda en el conflicto. “Si el Gobierno no adopta acciones concretas y efectivas para esta crisis, vamos a tener un Aysén 2.0”, dice el diputado del PS por la Décima Región, Fidel Espinoza.

Por ahora, el conflicto se ha manejado a nivel sectorial, con el ministro de Economía, Luis Felipe Céspedes (DC), como rostro del Gobierno, en constante comunicación con el subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy (PS). En los últimos días Bachelet se ha mostrado especialmente preocupada de la situación y ha mantenido permanente contacto tanto con Céspedes como con el jefe de gabinete, Jorge Burgos, para monitorear una crisis que a muchos recuerda lo ocurrido el 2012 en la Undécima Región.

El paralelo con Aysén no es casual. Ambos conflictos surgieron en año de elecciones municipales y un año antes de las parlamentarias. “Los ciclos electorales siempre incentivan demandas, pero  no creo que en ambos casos sea el factor gatillante”, plantea el académico de la Universidad Adolfo Ibáñez, Max Colodro.

Y es que ahora los dirigentes del movimiento en Chiloé pusieron sobre la mesa un petitorio de 28 puntos para destrabar el conflicto, y una de sus demandas clave era un delegado presidencial, lo que no ocurrió el 2012 en Aysén.

A la hora de comparar lo ocurrido en ese fenómeno con lo que hoy se vive en Chiloé, el analista sostiene: “Creo que el factor común son dos Gobiernos que generaron un clima de sobre expectativas, y que cosecharon grandes frustraciones”.

Otra mirada es la que tiene el director del Observatorio Electoral de la Universidad Diego Portales, Mauricio Morales. “Es difícil pensar en una relación causal entre año de elecciones municipales y estallido de conflictos sociales. Dado que hemos tenido movilizaciones sociales en años no electorales, entonces cuesta imaginar que las elecciones lleven asociados escenarios de protesta ciudadana”.

Como sea, Morales aclara el panorama con una demanda histórica: “Lo que sí veo en juego para ambos casos son asuntos de descentralización. Me parece central que el Gobierno tome nota respecto a lo indispensable que es la elección directa de los intendentes. Estos conflictos podrían ser administrados desde las regiones, descomprimiendo al Gobierno central”.

En ese contexto hay voces en el oficialismo que justamente presionan por apurar la tramitación del proyecto de elección de intendentes. Hoy, por ejemplo, habrá una reunión de los jefes de bancada de la Nueva Mayoría con el subsecretario de Desarrollo Regional, Ricardo Cifuentes (DC), para abordar el tema.

La iniciativa va de la mano con la agenda de descentralización y revela la fuerte presión y el poderío de las regiones, que tomó más fuerza en año electoral.

Por lo mismo, la crisis en Chiloé abre un complejo escenario para el Gobierno. “Sorprende el mal manejo político, pensando en que la izquierda siempre se dice muy cercana a los movimientos sociales. Hoy se ha visto sorprendida y fuera de control de la situación”, dice el académico de la UDD, Gonzalo Müller.

En ese sentido, los efectos que la crisis en Chiloé pueda generar en las municipales ya son materia de análisis. Hoy es la Nueva Mayoría la que tiene el poderío en la zona. De 10 comunas que componen la provincia, siete están en manos del oficialismo, y los pronósticos de la oposición para las elecciones del próximo de 23 octubre apuntan a que podrían recuperar Ancud y que en Chonchi tienen opciones, pero al ir con dos candidatos los votos podrían dividirse, mientras que en Castro y Quinchao podrían dar una dura pelea.

 

Bitácora de Aysén

La crisis del 2012 en Aysén dejó varios efectos políticos. El surgimiento de Iván Fuentes como líder del movimiento fue uno de los más visibles. El dirigente se convirtió en diputado el 2014 y desde el Congreso se erigió como uno de los rostros de las movilizaciones sociales.

Pero el camino no fue fácil. En esa época el Gobierno de Sebastián Piñera destinó a varios ministros para monitorear la crisis en la Undécima Región y su capítulo final fue la abrupta salida de Rodrigo Álvarez del Ministerio de Energía.

El ex secretario de Estado entró a bregar en el conflicto cuando los dirigentes exigían diálogo con un ministro, pero según relata un funcionario de la administración piñerista, no hubo empatía entre Álvarez y los líderes del movimiento, por lo que se cortaron las negociaciones. Antes los encargados habían sido el ministro de Salud, Jaime Mañalich, y el subsecretario del Interior, Rodrigo Ubilla, quienes no obtuvieron resultados.

Fue entonces que el Gobierno apeló a su último fusible: el entonces subsecretario de Segpres, Claudio Alvarado (UDI). El número dos del Ministerio de la Secretaría General de la Presidencia debió interrumpir sus vacaciones para viajar a la zona y comenzó un exhaustivo trabajo que consistió en identificar a los liderazgos del movimiento. Al otro lado de la mesa tenía al menos a siete potenciales candidatos a elecciones municipales o parlamentarias. Ello, dicen quienes conocen el proceso en Aysén, dista de la realidad que ocurre hoy con el caso de Chiloé.

“Los voceros de Chiloé no tiene un perfil de proyección política” comenta uno de los protagonistas de la crisis en Aysén.

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