Chile bajo lupa

Patricio Navia, Diario Concepción

Hay ojos que nos miran atentos y no callan. Hace pocos días vino a Chile el economista inglés James Robinson (el del libro “Por qué fracasan los países”), invitado por la Cámara Chilena de la Construcción. De paso rápido, dejó estela. “Es posible que Chile se quede estancado por la naturaleza oligárquica de su sociedad”, dijo y ahondando sugirió que ése es el desafío cultural a largo plazo de la sociedad, no solo del Gobierno. “Entender el problema puede ser un buen punto de partida”, remató.

Tres semanas antes, otro economista que vive lejos, Sebastián Edwards, apuntó en El Mercurio: “Chile es un país destronado. Ya no tenemos el mejor nivel de vida de la región… Como en el fútbol, nuestro reinado económico fue de corto aliento. No nos dio para la carrera de fondo”. Punto seguido, nos comparó con Panamá y Uruguay.

Duele por partida doble

Mientras, los títulos de cada día en nuestro mundito se relacionan con la falta del ministro de Hacienda, Felipe Larraín, en su viaje a Harvard con cargo fiscal; la acusación constitucional contra su par en Salud por ilegalidad del Protocolo de Objeción de conciencia en el aborto por tres causales; la sesión de la mesa de diálogo para tratar la reforma del sector (que concluyó la necesidad de contar con un plan universal, asunto del que se habla hace 20 años o más), y la tensión entre el ministro de Desarrollo Social, Alfredo Moreno y RN…

Hubo más temas, todos válidos, pero seguir el listado sería una sobre dosis. Al fondo, ya se ve el asunto: ahogados en el corto plazo y la confrontación, no estamos encarando los grandes problemas, la mochila de años, que el visitante ve con claridad.

En lo cotidiano, cunden los choques entre políticos y se radicalizan posiciones, a pesar de que existen varias “mesas de diálogo”, encomendadas para proponer salidas a lo más apremiante. De la última creada supimos el jueves: “Mesa por el desarrollo integral”, que sesionará ocho veces (una por semana), cerrando con la entrega de un documento.

Su foco: cómo recuperar la inversión, mejorar la productividad, generar empleos de calidad, incentivar la competencia y modernizar la regulación, apoyar el emprendimiento y las Pymes, modernizar el Estado, desarrollar el mercado de capitales y profundizar la inserción internacional.Agotadora y amplia tarea. Entre los casi 30 integrantes, saltan a la vista cinco personajes de la ex Concertación: Alejandro Foxley, Eduardo Aninat, Soledad Alvear, Manuel Marfán y José Pablo Arellano. Dos DC, dos ex DC y un ex PS.

La mirada “medio llena” de esa mesa: todas las tareas tienen que ver con lo que concentra atención de expertos mundiales.

De la mirada “medio vacía” hablamos con cuatro observadores locales.

No más mentiras

Ya casi cerrando mayo, considerando promesas de campaña y anuncios de gobierno, ¿cuáles son los riesgos que enfrenta Chile?

Clapes UC, el centro de estudios que presidía el ahora ministro Larraín, no quiso entrar en el tema. Tampoco el cientista Juan Pablo Luna, de la misma universidad. Otros, ni contestaron. Desde Nueva York, en cambio, Patricio Navia, el cientista político, sociólogo y académico allá y acá (UDP) no dudó:

– El país tiene desafíos importantes, el mundo vive grandes cambios, y no es evidente que Chile pueda salir adelante exitosamente haciendo las mismas cosas que ha venido haciendo. Porque hay otros que le compiten, que aspiran a ocupar el lugar privilegiado que ha tenido Chile; por tanto, no puede dormirse en los laureles. Debe crecer, renovarse… Varios nos respiran en la nuca: Perú, Colombia, Ecuador, ahora México tendrá nuevo gobierno, Brasil también… Con lo de siempre no seremos competitivos. Tiene mucha razón Sebastián Edwards. Hay que hacer cambios importantes en la matriz productiva y para eso se necesitan grandes inversiones en educación y mejoras de competitividad. Nada es de un día para otro, pero se debe empezar.

– ¿Por dónde?

– Con reformas para atraer inversión extranjera, mantener la inversión local (no que los chilenos partan a otras partes).  En últimos años, pareciera que Chile puso un letrerito: “Si quiere invertir, aquí están todas las condiciones que debe satisfacer… Y hay una lista más grande que le voy a pasar después”. ¡Necesitamos que vengan y esas son las `facilidades´ que damos!

– ¿Y luego?

– Hay que decirle a la sociedad que los años de vacas gordas se acabaron; vienen años difíciles, donde habrá que competir mucho más.

– Impopular eso.

– Impopular, pero inevitable. No puedes seguir mintiéndole porque eso significa que tendrán que endeudarse todavía más, para mantener un nivel de vida que ya no puedes conseguir porque la competencia te está quitando mercado.

Navia está convencido que es la ruta y “el desafío de este gobierno. En noviembre la gente dio mayoría en el Congreso a la izquierda y en diciembre eligió a Piñera. Él tiene que hacer las propuestas ahora y construir la mayoría necesaria para que el Congreso las apruebe”.

A sumar fuerzas tampoco ayuda el clima interno. Se lo comento. El cientista sigue:

“La opinión pública y el electorado quiere que los políticos se pongan de acuerdo y creo que este gobierno tiene una oportunidad de empezar a construirlos. Obviamente, existen los que no quieren un acuerdo, en ambos extremos. Pero me da la impresión de que la piscina tiene agua suficiente… Con habilidad para negociar, haciendo concesiones y obteniendo concesiones de la oposición, pienso que Chile avanzará de manera sustantiva. La construcción de mesas de diálogo fue importante, va en la dirección correcta, pero las señales deben estar también en los proyectos de ley. El éxito del gobierno será que consigan aprobar las leyes necesarias para las reformas.

– A poco más de dos meses del mandato, ¿está optimista, pesimista o neutro?

– Soy moderadamente optimista sobre lo que pueda pasar en Chile.

¿Objetivos irreconciliables?

Luis Eduardo Escobar, consultor y director del Centro de Estudios del Desarrollo, vinculado a la DC, ex del FMI por 20 años, identifica el problema con lapidarias afirmaciones: no tenemos un proyecto, no hay consenso sobre qué hacer, no existe cohesión y, básicamente, subsisten dos puntos de vista radicalmente divergentes.

“Edwards se quedó en el síntoma, no en el fondo, en por qué ocurrió esto. Por qué Panamá hizo lo que hizo, por qué a Uruguay le va bien y a Chile no. Si no alcanzamos acuerdos, no hay posibilidad de avanzar”, añade.

– Hablemos de los dos puntos de vista divergentes…

– Uno, por identificarlo en personalidades, son personas como Ffrench Davis y otros que creemos que el Estado debe jugar un papel mucho más importante en ordenar la conversación… El otro, representado por el presidente Piñera y su equipo económico, que consideran nefasta cualquier intervención del Estado y son partidarios de minimizar su rol para dar el máximo espacio posible al sector privado. Ahí estamos, sin ser capaces de encontrar un área común.

Escobar profundiza:

– En su campaña, Piñera planteó la necesidad de un acuerdo transversal, pero no ha convocado a una discusión abierta sobre el futuro. Eso le dio fuerza a Panamá, ya que se ha mencionado el caso, con ocasión a la segunda vía del canal. El gobierno llamó a un diálogo para desarrollo nacional, en que estaban desde los indígenas hasta líderes de partidos. Y la oposición dijo estamos dispuestos a la ampliación, pero tenemos que discutir sobre los recursos que se van a generar y qué hacer, quién administrará. Y le ha ido bien a Panamá. Hoy, la mayor parte de la pobreza está restringida a grupos indígenas que viven de manera más bien ancestral que en una economía moderna.

Acá, respiramos una persistente desconfianza y tampoco nos ayuda la institucionalidad, no sabemos si los datos que entregan están correctos… no tenemos un proyecto nacional de desarrollo como lo han tenido otros que lograron salir de la “trampa de los ingresos medios”, como dice Foxley.

(Según la OCDE, sin embargo, Chile sorteó esa trampa al bordear los US$25 mil de PIB per cápita. En Cieplán, Patricio Meller cuestionó la afirmación, argumentando que la discusión debe ir por analizar cuál es la diferencia entre país desarrollado y país en desarrollo. Ve tres factores: visión a largo plazo, mayor equidad y capacidad de innovación).

Para Escobar, lo del PIB es solo un número en un conjunto de datos que analizar:

“Es un número promedio, no dice nada sobre cómo se reparte. En nuestro país hay gente que vive como en Noruega, y gente que vive como en el Congo, eso a veces en distintos barrios dentro de una misma ciudad. Ese tipo de desigualdades tan brutales hace que las conversaciones sean muy difíciles. Si pensamos cómo distribuimos mejor el ingreso, uno dice que los ricos paguen más impuestos, pero ¿qué hace el Gobierno? Baja las contribuciones, quiere hacer lo mis con los impuestos a las empresas y volver al sistema integrado, que es una máquina de concentración de riqueza, que no existe en ninguna otra parte. Con él, como los más ricos no pagan tributos personales porque las empresas pagan mucho, ellas acumulan muchos recursos que invierten fuera de Chile… Entonces, ¿cómo potenciar la educación pública?, ¿cómo resolver la lista de espera en hospitales?  Hay varios temas sobre los cuales existe diferencias muy de fondo y lo que necesitamos son soluciones sostenibles, creíbles, no incertidumbre”.

– Lo de Edwards fue bastante pesimista. Supone que no habrá capacidad de diálogo y acuerdos. Usted lo comparte. ¿Entonces?

– Esto, guardando una gran distancia, se parece mucho a ciertas cosas ocurridas en Argentina, que figuraba entre las 12 más desarrolladas hace 50 años y que ahora vive de crisis en crisis. Porque el problema no es que falten buenos economistas, administradores, gente calificada, sino que no tienen un acuerdo político sobre qué tipo de país quieren ser. Entonces existe un conflicto permanente entre personas de ingresos medianos hacia abajo y elites que se han beneficiado del sistema económico argentino por 100 años. En estos casos, acuerdos marginales no resuelven las cosas.  Frente al crecimiento, por ejemplo, el asunto es si haremos los cambios requeridos para aumentar la tasa de inversión privada y pública, no crear una oficina que facilite inversiones.

Navegar a ciegas

“Hace unos diez años, desde la crisis Subprime, entramos en un ciclo de mucha mediocridad, desde el punto de vista económico. Se expresa un crecimiento bajo, pero, fundamentalmente, en cuestiones más cualitativas como señalan informes de la OCDE: Chile sigue produciendo básicamente lo mismo, tiene una estructura productiva poco dinámica, no obstante, los nichos expansivos disponibles en el comercio internacional”, dice el economista, ex ministro de Aylwin, Carlos Ominami, hoy en la Fundación Chile 21.

Cuenta que el académico de Harvard James Robinson, especialista en análisis de las economías del Tercer Mundo, dijo en su visita que nuestro país es el que está mejor en América Latina, pero con mucho riesgo de estancarse. No solo por la sociedad oligárquica, sino también por la estructura productiva. A su juicio, el tema no es ser el primero del continente, sino diversificarse. Eso requiere de una visión país. “Pero el Estado chileno navega bastante a ciegas. No existen instancias que definan escenarios futuros. Y no hablo de planificaciones estrictas, sí de orientaciones”, añade.

Ominami ejemplifica con una gran oportunidad de insertarse en el mercado mundial: la electro movilidad, autos que pasan de combustibles fósiles a híbridos o derechamente a eléctricos. Ellos necesitan el doble de cobre y también demandan litio, además de energía limpia disponible acá… Pero el asunto requiere visión, lamenta.

Compartiendo la idea del estancamiento, se sorprendió con el anuncio de gobierno sobre medidas para facilitar la inversión y acortar los tiempos de pago: “Está bien, pero lo importante es abrir el espectro de inversiones posibles y generar nuevas actividades. Seguimos haciendo lo mismo, lo más nuevo fue el vino y el salmón, de los años 90”.

– ¿Cómo explica el estado de situación?

– Hay un problema ideológico. Una cierta aversión al Estado, a pesar de que no existe país que se haya podido desarrollar sin una presencia importante de él. El asunto es buscar formas de asociación público-privadas. Y lo que pasa es que en el gobierno son profundamente neoliberales. Creen que basta con una economía bien ajustada, con menos regulaciones, para que las inversiones fluyan. No ocurre así en el mundo. La competencia por inversión es fuerte, debemos generar mejores condiciones para atraer inversión. Y también creo que los grandes grupos requieren orientaciones más precisas. Pienso que el gobierno de Piñera puede ser decepcionante, si no logramos avances relevantes.

– ¿Qué tan necesario es un diálogo amplio?

– Es que este país se trasformó en muy neoliberal, donde el pensamiento dominante no está permitiendo airear el debate económico. Existe la convicción ideológica de que el mercado es mejor que todo.

Fue crítico de primer mandato de Piñera y del segundo de Bachelet “porque pensó que las cosas iban a fluir solas y la economía ya estaba mostrando una dinámica de estancamiento que nos llevó a un crecimiento menor al 2%. Ahora es punto es cómo recuperar el crecimiento. Sin embargo, lo que uno ve en un gobierno de derecha -que debiera tener particular atención a eso- está en la idea de crecer 3% o 4%, sin grandes modificaciones, sino más bien con el vuelito… Con el viento a favor de la economía internacional y con el viento a favor interno, porque hay empresarios que por incertidumbre paralizaron inversiones y ahora las liberan. Eso da cierto impulso, pero no el necesario. Piñera se equivocó cuando dijo que íbamos a ser desarrollados en 2020. Ahora dirá 2030 y seguramente se va a frustrar. La perspectiva nuestra es la mediocridad, creciendo entre 3% y 4%, pasando de lado por las oportunidades tecnológicas y de inserción en mercados del mundo.

La transición social

– ¿Somos un país destronado, pasaremos de pujante a mediocre?

Guillermo Larraín, economista, investigador y académico de la Uch., lo piensa. Le da varias vueltas. No le gusta el término mediocre para un país. Tampoco la comparación que hizo Edwards con Panamá, porque son economías muy distintas (la del país centroamericano basa en el canal y en la banca privada, que se ha visto envuelta en negocios turbios). Tampoco avala la comparación con Argentina… Finalmente comenta:

– Creo que los chilenos estamos relacionándonos mal y tenemos desconfianza porque los desafíos nuevos requieren de un involucramiento distinto del Estado distinto al de estos años. Algunos interpretan esto como una amenaza. Por otra parte, necesitamos una forma más respetuosa de relacionarnos entre nosotros.

– ¿A qué apunta? ¿A enfrentamientos políticos, a la descalificación?

– Me refiero, por ejemplo, al movimiento feminista. Gente de derecha ve esto como una asonada marxista que quiere destruir el mercado. Otros lo sienten como decía un panfleto. “Contra la violencia machista=opresión capitalista”. Son grupos minoritarios, pero existen. El tema de liberación homosexual también le parece irrelevante a algunos en la derecha, que prefiere que nos dediquemos a otros asuntos. Pero la sociedad tiene sus prioridades y hay que tratar de resolverlas pronto. Estos temas de convivencia son temas políticos.

– Para encararlos, unos siguen pensando en los grandes acuerdos, nostalgias de lo que vivimos a comienzos de los 90. Pero lo que tenemos en escaso diálogo y diferencias radicales, en cosas clave como impuestos, salud, previsión, educación… ¿qué hacemos?

– Bachelet lo hizo mal, no logró un diálogo fructífero. Hasta ahora, este gobierno tampoco lo consigue y no parece que sea por falta de tiempo… Para las reformas políticas debe haber una institucionalidad que dé garantías de ecuanimidad en el tratamiento de distintos temas, pero el Tribunal Constitucional hace lo contrario cuando agrega una palabra al proyecto de aborto y cambia el sentido. No da garantía a nadie.  Se ha politizado. Y es un gran problema cuando se politiza el funcionamiento habitual del Estado. En lo medioambiental las cosas parten con decisiones políticas y, por tanto, toda la discusión técnica está manchada del interés políticos detrás… Mientras no corrijamos estas cosas, los problemas van a persistir.

– ¿Por dónde empezar?

– Lo que está pidiendo Chile es que seamos flexibles para resolver lo urgente: salud, pensiones, desarrollo productivo, asuntos valóricos. El país pide otro razonamiento, que requiere un enfoque más pragmático de parte del Estado. Lo peor sería ver eso como una amenaza. Estamos viviendo una transición social y hay que construir un país mejor.

La letra chica 

El Imacec de marzo (4,6%) animó a las autoridades e, incluso, los hizo pensar en un PIB ya no de 3% sino sobre 3,5% este año. Lo que no se comentó mucho fue que el indicador de marzo resultó alto porque se compara con mismo mes de 2017, cuando la minera La Escondida vivió larga huelga, de 43 días.

Por otra parte, la inversión minera -según estudio de José De Gregorio– representa el 50% de la inversión productiva.

¿A qué va esto? A que para saber exactamente qué tan rápido o lento se recupera el ritmo de inversión, Guillermo Larraín, académico de Economía UCH, dice que debemos observar los próximos datos de inversión no minera y no inmobiliaria. Eso dará luces sobre proyectos a mediano y largo plazo, que son los que más necesita la economía y los que, además, hablan sobre cómo nos están viendo los grandes inversores.

Por ahora una incógnita porque, agrega, “hasta dónde sé, la inversión esperada no ha llegado”. Y es fundamental para el crecimiento.
A Larraín también le inquieta que no exista ni plan, ni diálogo, mientras alrededor varios países que nos quieren ganar.

Leer en Diario Concepción