Chile 2017: Elecciones en una democracia de baja intensidad

En Perspectiva, Fernando Rosenblatt

En Chile faltan menos de dos semanas para unas nuevas elecciones nacionales. El próximo 19 de noviembre tendrá lugar la primera vuelta presidencial, la elección de diputados, de senadores en la mitad de las circunscripciones y será también la elección de todos los Consejeros Regionales.

A nivel presidencial las encuestas indican que Sebastián Piñera lleva una cómoda ventaja, pero también hay coincidencia en que será necesaria una segunda vuelta.

Para analizar el contexto de esta votación, los principales candidatos y los temas más destacados en el debate, hoy conversamos con Fernando Rosenblatt, doctor en Ciencia Política, Profesor Asociado y Director de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales, en Chile.

EC: ¿Cuáles son las primeras pinceladas que podemos dar sobre la próxima elección nacional en Chile?

FR: A nivel presidencial hay 8 candidatos y los principales son: Sebastián Piñera, Alejandro Guillier y Beatriz Sánchez.

Sebastián Piñera, ex presidente entre 2010 y 2014, es candidato por la centro-derecha, que ahora se nuclea en la coalición “Chile Vamos”. Este pacto está formado por la UDI y Renovación Nacional, partidos ya tradicionales de la centro-derecha y derecha chilena, pero también integran la coalición el PRI y Evópoli.

Alejandro Guillier es candidato de la coalición “La Fuerza de la Mayoría”, la ex Nueva Mayoría, ex Concertación. Esta coalición la integran el Partido Socialista, el Partido Por la Democracia, el Partido Radical y el Partido Comunista, todos partidos tradicionales del sistema de partidos chileno.

Lo novedoso en la ex Concertación, ex Nueva Mayoría, es que la Democracia Cristiana corre sola. Carolina Goic, presidenta de la Democracia Cristiana es la candidata presidencial del partido. La decisión de presentar candidata propia directamente a la primera vuelta, y no dirimirlo con el resto de los socios de la coalición en la primaria fue un remezón importante para la política chilena. La DC era socia fundadora de la Concertación. De todas formas, es bien probable que la DC apoye a Guillier si este finalmente pasa a segunda vuelta.

Además, tenemos a Beatriz Sánchez, candidata del Frente Amplio. El Frente Amplio es una coalición de izquierda que nuclea a Revolución Democrática y otras organizaciones políticas que emergieron tras la movilización estudiantil, que se juntaron con otros partidos menores.

Hay otros candidatos, a la derecha de Piñera y otros a la izquierda de Beatriz Sánchez, que solo generan algo de ruido.

P: Según las encuestas, Piñera ganaría la primera vuelta y por una amplia ventaja. Además, parece claro que Alejandro Guillier, del oficialismo, pasaría a segunda vuelta. Pero queda alguna incertidumbre sobre el desempeño de Beatriz Sánchez y del Frente Amplio. Esto es, a grandes rasgos lo que se ha publicado en la prensa y en los análisis políticos estos días. ¿Coincidís con este diagnóstico al menos a nivel presidencial?

FR: Sí.

P: La audiencia conoce a Sebastián Piñera pero probablemente sepa menos sobre Alejandro Guillier y Beatriz Sánchez.

FR: Ambos son periodistas, de hecho, fueron co-conductores en radio. Los dos son conocidos, pero Alejandro Guillier es mucho más conocido porque estuvo mucho más tiempo en televisión abierta.

Alejandro Guillier ya estaba en política, porque en la elección de 2013 resultó electo Senador por la segunda región, de Antofagasta, en el norte de Chile. Fue electo por la Nueva Mayoría pero siempre se definió como independiente de los partidos.

Lo de Beatriz Sánchez sí fue más reciente, porque se metió en política para ser pre candidata y luego candidata presidencial por esta nueva coalición de izquierda, el Frente Amplio. No tiene las características del Frente Amplio de nuestro país, pero sí han observado mucho y estudiado al Frente Amplio de Uruguay.

P: Otro aspecto: los analistas coinciden en que hay muchas dudas sobre la participación el día de la elección.

FR: Efectivamente, a 2 semanas de las elecciones, hay una gran incertidumbre sobre la tasa de participación. Está más o menos claro que no va a ser alta, lo que preocupa es cuán baja va a terminar siendo.

Creo que es bien interesante cómo, a pesar de la alta competitividad, que hay oferta programática, que hay mucha campaña estimulando la participación, la elección no ha despertado interés en la ciudadanía. Incluso ya hubo varios debates, no todos los candidatos estuvieron en todos los debates, pero nadie puede decir que faltó discusión. Chile es un caso interesante para decir: nada de esto es suficiente para movilizar.

Lo que vemos es una campaña de baja intensidad, de baja movilización, de bajo interés en la ciudadanía y como hay voto voluntario, hay temor sobre la tasa de participación el día de la elección.

Esta elección, recordemos, se da en un contexto donde los partidos y los líderes políticos tienen una muy mala imagen pública, que se profundizó después de los escándalos de corrupción y de las irregularidades en el financiamiento de campañas, que salpica a prácticamente todo el espectro político—lo digo en presente porque hay muchos procesos en curso.

Esta distancia partidos-sociedad también complica a las nuevas organizaciones partidarias que aparecieron en los últimos años; que se constituyeron como partidos con la implementación de la reforma a la ley orgánica constitucional de los partidos políticos.

P: Ahora, no es la primera vez que tú y otros colegas se refieren a los problemas de los partidos políticos en Chile. Sin ir más lejos, recuerdo tus comentarios, aquí En Perspectiva, en el momento más crítico de la movilización estudiantil. Allí apuntabas a los problemas en los partidos.

Sí. Esta crisis ya lleva muchos años. También, es verdad que las democracias consolidadas son de baja intensidad; las democracias cuando funcionan bien son más bien aburridas.

Hay muchas democracias del mundo desarrollado que tienen campañas electorales de baja intensidad.

Pero en Chile no es la estabilidad macroeconómica, ni la estabilidad democrática lo que en última instancia explica por qué Chile hoy tiene elecciones de baja intensidad.

En Chile esa baja intensidad no se explica por el éxito y el desarrollo. En Chile la magnitud del desencanto en la ciudadanía es realmente impactante, la ruptura partidos-sociedad es bien marcada y las organizaciones están muy debilitadas, hace tiempo.

Y los partidos han intentado reaccionar. Promovieron reformas que oxigenaron el sistema. Hace rato que era imprescindible reformar el sistema electoral binominal y modernizar la ley de partidos. Pero, esas reformas se hicieron cuando ya era tarde, cuando ya había un quiebre entre partidos y sociedad.

P: Dejando a un lado el nivel presidencia, el 19 se elige Congreso Nacional, se renueva una parte del senado y la totalidad de la cámara de diputados, y se eligen COREs, consejeros regionales. ¿Qué podemos decir de ese nivel de competencia?

FR: Allí vemos la fragmentación y la fragilidad de las organizaciones partidarias en su máxima expresión. Esto está exacerbado además por el diseño institucional.

Es un diseño institucional que favorece la máxima apertura, pero precisamente por eso perjudica la consolidación de lealtades partidarias. La elección es con listas, pero abiertas. Se votan personas. Con el sistema anterior también se votaban personas pero eran de 2 candidatos por lista y ahora son, para algunos distritos de la Región Metropolitana, hasta 8 multiplicado por las listas que se presentan en el distrito. Entonces, aumentan los costos de información para un electorado ya de por sí alejado, y distante de la política y con organizaciones que les cuesta mucho coordinar. Nada de esto tampoco estimula la participación.

Los candidatos a diputado, por ejemplo, con el respaldo de su estructura de campaña, intentan movilizar. Y hemos visto verdaderas “ofertas”, una candidata a diputada por el distrito 11 ofrecía vales de descuento en su folleto de campaña.

Este tipo de relacionamiento con el electorado no es nuevo pero probablemente, y habría que estudiarlo de manera sistemática, estamos ante un incremento de estas prácticas. Es que es muy difícil posicionarse como candidato o candidata si nunca fui diputado, o no tuve un cargo o no soy famoso. Precisamente ahí radica una de las utilidades de los partidos, sirven para reducir el costo de ser candidato y para el ciudadano, de informarse—cuando son más o menos estables y más o menos serios. Pero el problema es que tenemos partidos muy débiles y muy desprestigiados.

En los Consejeros Regionales el resultado es aún más incierto. No se ve prácticamente nada y el poder en la distribución de fondos públicos no es nada menor.

Entonces, la baja intensidad tiene que ver con un quiebre de la sociedad con los partidos y con los líderes políticos. No se ven los partidos. No se ve organización, no se ven activistas que puedan organizar y movilizar. Alguien podría decir, bueno, en el mundo ya no se necesitan militantes para ganar elecciones. Eso es verdad. Pero no estamos hablando de cómo ganar una elección, estamos hablando de cómo tener una democracia más activa y una democracia activa necesita organizaciones políticas permanentes, funcionando más allá de las elecciones.

P: Para cerrar, ¿cuáles han sido los temas de campaña?

FR: Desde el punto de vista temático, creo que hay debates programáticos interesantes, hay programas, hay diferencias entre los candidatos presidenciales y hay discusiones bien importantes, como la continuidad de la reforma educativa, la discusión sobre las AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones). Lo que preocupa es que, como venimos diciendo, esto parece no tener efecto sobre la voluntad de participar, al menos en la primera vuelta, y además preocupa el después.

Quizás Piñera puede llegar a tener una bancada más homogénea, pero no la tendría fácil. Lo cierto es que cada vez hay menos incentivos para mantener una lealtad y eso dificulta a cualquier gobierno.

De todas formas, quiero insistir que el escenario, más allá del nivel presidencial, es de bastante incertidumbre, empezando por la participación. Por ahora, y falta bien poco, el escenario es de apatía.

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