Casos de “pensiones de miseria” avivan debate por dignidad de adultos mayores

Claudio Fuentes, La Tercera

El martes pasado, cuando el gobierno ingresó el proyecto de reforma al sistema de pensiones, el académico de Ciencia Política de la U. Diego Portales, Claudio Fuentes, viralizó la liquidación de pago de la jubilación de su madre, de 92 años, que asciende a $ 12.975, monto que todo el mundo en redes sociales calificó como “miserable”.

Sylvia Saavedra, la madre del académico, recibe ese dinero como pensión de viudez desde 1995, cuando su marido murió tras una vida laboral inestable. Ella se hizo cargo de siete hijos, por lo que se dedicó a ellos y no trabajó remuneradamente. Como ese monto no sirve para vivir, tuvo que ser acogida por una de sus hijas. Y como el sueldo global de esa familia era superior al 60% más pobre del país, la madre no pudo recibir el beneficio del Pilar Solidario.

“El municipio evaluó la situación de la familia, pero como mi hermana es profesora, igual que mi cuñado, nunca calificó en el 60% más pobre del país. Tendría que ser indigente y, obviamente, no vamos a dejar sola a mi mamá”, explica Fuentes.

Su caso se suma al de varios otros que han sido viralizados en estos días, a propósito de la reforma a las pensiones, y que reavivaron el debate por las carencias en que viven muchos adultos mayores, como el caso de un abuelo exboxeador, de 90 años, que pide dinero en la Plaza de Armas de Santiago.

Otro ejemplo radical es el de una mujer de 70 años (quien pidió mantener su nombre en reserva) que recibe $ 5.600 de pensión. Cotizó 23 años, con el ingreso mínimo, y su jubilación la obliga a seguir trabajando de forma independiente. Por lo mismo, no puede postular a otros beneficios.

“La AFP me avisó cuando me quedaba poca plata, que no me alcanzó a durar ni cuatro años, y les pedí que me la alargaran para tener derecho a salud. No quiero ni preguntar cuándo se me va a acabar. Tendré que seguir trabajando hasta que me muera”, afirma.

En septiembre, la mitad de las personas que se jubiló lo hizo con menos de $ 45 mil, y en general las mujeres reciben pensiones 39% inferiores a las de los hombres.

Para Claudio Fuentes, se debe discutir sobre el buen vivir de los adultos mayores, pues “hay una vulnerabilidad no solo por la falta de recursos para medicamentos y la vida mínima, sino que también en el sentido de autonomía”, que les permita tener recursos para vivir más allá de lo básico.

Entre las soluciones, los expertos plantean la universalización del Pilar Solidario. Andras Uthoff, doctor en Economía, dice que ese beneficio “no es un derecho garantizado, sino que está focalizado en las familias más pobres, y por ende, si la familia no califica como pobre, al jubilado le seguirán dando una miseria, lo que significa que pierde toda dignidad. La solución pasa por universalizar el Pilar”.

La economista Claudia Sanhueza plantea que la solución dependerá “del sistema que queramos tener. Es distinto uno de seguridad social, con buenos beneficios y una pensión básica para quienes no contribuyeron, a tener un sistema con una pensión universal para todos, como el neozelandés, complementado con los ahorros previsionales de cada persona”.

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