Cae rating de franja presidencial, especialmente entre jóvenes y ABC1

La Tercera, Claudio Fuentes

En tiempo de elecciones, la franja electoral se ha vuelto un modo predilecto de vinculación de los candidatos con los electores. Qué tan determinantes son esos minutos en los ciudadanos, hoy es tema de análisis luego de casi 30 años de su debut en el país y en medio de la constante baja en la participación de la población en las distintas elecciones.

En ese contexto, ¿qué tan efectiva es este tipo de publicidad? Según un estudio del Departamento de Administración de Empresas de la Facultad de Economía y Negocios de la U. de Chile -el más completo que se ha hecho sobre el tema en el país- y que analizó el comportamiento de las audiencias en las franjas presidenciales entre 1999 y 2013, el rating registra una caída constante.

En 1999, la franja tuvo un rating promedio de 12,71 puntos, el que para 2013 bajó a 11,34 (una caída de 1,37 puntos). El descenso se aprecia con más fuerza en el grupo de entre 18 y 24 años y en el segmento ABC1, en que el rating pasó de 10,47 a 6,74, y de 10,36 a 6,94, respectivamente.

De esa forma, el grupo ABC1 registró una caída en los niveles de audiencia de 3,4%, y en los jóvenes de 3,7%. Al mirar por cobertura o alcance de la franja, el deterioro es aún mayor: 15,7% para el grupo ABC1 y de un 18,7% para los jóvenes.

Sin embargo, el estudio, Evaluación del Modelo de Franja Electoral Presidencial Chileno, desarrollado por los académicos Rodrigo Uribe, Enrique Manzur y Cristian Buzeta, identificó además, un alza de audiencia de 3,8% en las personas mayores de 65 años y de 3,3% en aquellas sin acceso a televisión pagada, además de un buen alcance global, ya que cerca del 80% de los mayores de 18 años sintonizó al menos una vez una franja presidencial cada vez que esta se emitió en los años 1999, 2005, 2009 y 2013. Y lo hizo en una frecuencia que también posee buenas cifras, ya que de los 28 días que se emite, las personas lo sintonizaron en promedio 5,5 veces.

Alta cobertura

En 17 años de franjas electorales presidenciales, se pasó de espacios de 15 minutos en 1999, a 20 minutos en 2005, 2009 y 2013. Luego de casi tres décadas, la franja ya muestra signos de desgaste, indica Rodrigo Uribe, académico de la Facultad de Economía y Negocios de la U. de Chile, y autor del estudio.

La caída en el interés de los jóvenes es compleja, dice Uribe, “básicamente porque son el grupo que se ha tratado de reinsertar en la actividad política ciudadana. Con el voto voluntario se buscaba -entre otras cosas- aumentar la participación electoral juvenil”.

El grupo ABC1 son los que tradicionalmente consumen mayor información, resalta el académico, por eso “si ellos tienen menos interés, de algún modo alerta sobre lo que pasará en el futuro”.

Para Octavio Avendaño, sociólogo y cientista político de la U. Alberto Hurtado, en el caso de los sectores altos, una explicación de este creciente desinterés puede ser que ellos ya tienen preferencia política, por eso no consideran la franja a la hora de tomar decisiones. “Hay una clase de socialización política de ese segmento que hace que no tenga que esperar ese espacio para definir su preferencia. En clases medias se ve que una tendencia a mayor interés en conocer las distintas posturas”, señala Avendaño.

Claudio Fuentes académico de la Escuela de Ciencia Política de la U. Diego Portales, agrega que la caída en jóvenes probablemente se relaciona con el consistente menor interés de ellos en la política en general, y con las elecciones en particular. “Son los jóvenes los que menos votan, los que menos se interesan en militar en partidos, etc.”, destaca.

Salvo la franja de 1988, que logró cierto efecto en algunos sectores dada las restricciones informativas existentes en ese momento, muchos especialistas coinciden en que no es un espacio muy relevante en la toma de decisiones. “Es mucho más influyente el rol diario que cumplen los medios de comunicación”, aclara Avendaño.

En general no se aprecia un rechazo masivo a la franja, dice Uribe, “pero para obtener esos logros tienen que transmitir 20 minutos diarios, durante 28 días, más la franja parlamentaria son 40 minutos”. Por lo que considera, dice, no es un sistema muy eficiente.

La baja participación es un dilema hoy. Si la franja es una alternativa para aumentar ese interés, se aprecia complejo, dice Avendaño. “No hay un efecto en termino de participación, porque ya existe una predisposición en algunos sectores a no participar”.

Sin riesgos

Pero la franja tampoco es un espacio en que se asuma grandes riesgos. Reproduce el mismo modelo de la televisión abierta, “no rompe la inercia de la TV con este modelo”, dice Uribe. Y si se quiere incrementar el número de jóvenes, o de personas ABC1, debería ser otro sistema. “Pero cómo está actualmente, se transforma en poco sorprendente para esa audiencia”, dice.

Por otro lado la transformación tecnológica, donde ahora es posible acceder a televisión en diversas plataformas, señala Fuentes, generará un problema para las franjas. Pese a ello, la televisión abierta todavía es el modo en que más personas se informan.

El tema, hasta ahora no es tanto que exista la franja -ya que ayuda a dar a conocer opciones políticas que de otro modo no podrían ser conocidas-, “sino que el contenido de cada campaña que eventualmente no es atractivo para los televidentes”, concluye Fuentes.

Después de 30 años amerita revisar el sistema de franja, reflexiona Uribe. “El mundo cambia y los medios han cambiado. Eso implica revisarla en muchos sentidos. Por ejemplo, si vale la pena tener un modelo de franja de 20 minutos diarios en cadena, que claramente no es la forma más adecuada de llegar a varios grupos de electores que tienen otras alternativas mediales ya sea en la TV de pago o el mundo online”.

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