Agnotología, cambios demográficos, antivacunas y migrantes

La Nación, Cristián Doña

Una verdadera crisis de nuestro tiempo, es la invocación de datos científicos mal concebidos -la mala ciencia- para tratar de convencer que la ciencia ha sido cooptada por ciertos poderes fácticos; y que por tanto sus resultados ya no son de “creer”. Esta es una de las implicancias de la Agnotología; la producción científica de la ignorancia. Esta ignorancia cada vez más tiene efectos en discusiones políticas actuales, como son las reformas a la educación, los movimientos antivacunas, y las políticas migratorias, entre otros.

El crecimiento de la población chilena en las últimas décadas fue disímil entre los grupos de edad. En este periodo, el grupo etario de 60 y más años creció a una tasa casi el doble que el crecimiento nacional total. Este dato, entre otros, refuerza la tesis que Chile es un país en envejecimiento. Resulta razonable que los ciudadanos propongan, por lo tanto, que se financien programas asociados al envejecimiento, por ejemplo, y no a una reforma de la educación terciaria. Este es el primer caso de agnotología. El análisis presentado no considera, por ejemplo que Chile está al borde de comenzar un nuevo bono demográfico -el último que tendrá- y que al financiar la educación terciaria podría hacer crecer la riqueza total del país, lo que serviría para fortalecer las políticas sectoriales en múltiples áreas del país.

Un segundo caso de agnotología, es el surgimiento de grupos antivacunasEstos postulan -basados en mala ciencia- que las vacunas son perjudiciales para la salud, aun cuando la asociación entre estas y autismo u otras posibles secuelas ya han sido desmentidas por numerosas investigaciones internacionales. En el caso chileno, estos grupos han comenzado a judicializar los programas estatales de vacunación, olvidando el impacto de las vacunas en eliminar o disminuir la prevalencia de ciertas enfermedades potencialmente mortales y que su contribución a que la mortalidad infantil descendiera de 81 por mil en 1950 a 1 por mil actualmente. Dar espacio público a grupos antivacunas, judicializar este tema y eventualmente tomar decisiones políticas a partir de información falsa, sólo nos lleva a una dictadura de los necios, parafraseando a Umberto Eco.

Un tercer caso de agnotología es el de las políticas migratorias y en particular de la obligación de visa consular para los migrantes haitianos. El temor a la migración no reconoce tiempo ni país de origen. La noción que los extranjeros nos quitan el trabajo, utilizan nuestros derechos sociales, e influyen negativamente en nuestra cultura, ya se leía en la prensa chilena de fines del siglo XIX. La irracionalidad de este miedo y su falta de asidero en la realidad, se demuestra en los resultados de la última encuesta CEP. Una proporción similar de encuestados consideran al mismo tiempo que los inmigrantes “mejoran la sociedad chilena trayendo nuevas ideas y culturas” y debilitan la cultura chilena.

En este caso, proposiciones pseudocientíficas de candidatos y otros, han llevado a propuestas legislativas basadas en mala ciencia. No hay ningún sustento empírico que los migrantes en Chile delincan más o usen los servicios sociales más que los chilenos. Tampoco que bajen los sueldos de la mano de obra local. La evidencia sí indica que tienen una educación promedio superior a la de los chilenos y que estos niveles educacionales son mal utilizados por el mercado laboral local. Legislar a partir de la ignorancia genera mayor irregularidad, vulnerabilidad, y falta a los derechos humanos de los migrantes.

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